Esa es la ironía de la vida,
la vida misma:
Amor implica eventual dolor,
creer implica desilusión,
ganar implica perder (en un futuro).
Vivir implica morir.
Tendremos y faltará más;
y siempre algo bueno
va con algo malo.
La vida es un antónimo de sí misma,
el chiste se cuenta solo.
Esa
es la trampa del juego,
- las letras pequeñas en el contrato –
Nunca nos lo dicen
y muchos no lo saben..
La gran mayoría
jamás lo sabrá.
Todos somos patéticos:
eso es lo divertido.
Los pocos concientes
como tú, como yo,
no podemos hacer nada,
nada.
Fluye el dinero,fluye el amor,
fluyen las penas
y las vidas.
fluyen el tiempo y las sonrisas
y fluye todo.
Y todos quieren todo,
pero nadie lo piensa un poco.
Somos parte de un juego
que no podemos perder,
y tampoco podemos ganar.
Algunas veces
me parece la peor trampa.
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Ascendente destino
No quiero dejar de alucinar,
pero se desvanece esa imagen
que me mantiene animado,
la calavera vuelve a su sitio.
El cielo se torna grisáceo
y tu recuerdo traslúcido,
los insectos que anidan mi cabeza
devoraron tu sonrisa.
Tu cráneo yace inerte y
nuestros lazos desgastados,
las caricias del pasado
enterradas en la almohada.
Tus pies seducían la arena,
impulsaban su ascenso
a las nubes y la erizaban
sin tocarla.
Hipnotizaste al amanecer,
y hacia mis ojos soplaste la brisa
que latigueó mis pupilas,
ya no apreciaré más tu forma
me ha frustrado la ceguera.
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Olvidar
Todos tenemos un recuerdo que queremos enterrar.
=============================
"Idiota".
Se dijo a sí misma, apagando la computadora. Le repugnaban aquellas pláticas. Conversaciones sin sentido que no hacían más que revivir viejos recuerdos que intentaba olvidar.
"...Olvidar"
No sabía si era lo correcto, pero se intentaba convencer de que era lo mejor para los dos. O al menos para ella, al final de cuentas, él ya no le importaba... O al menos eso debía de aparentar.
“Él debe de pensar que ya lo olvidé… Tal vez sólo así me olvidará”
Se levantó de la cama y caminó hasta el espejo. Apenas se alcanzaba a distinguir que había llorado, no podía permitir que sus padres la vieran así. Ella debía ser fuerte, se había propuesto olvidar todo y dar un paso adelante.
Se fijó en su reflejo. Veía a él en sus ojos. La parte de él que siempre viviría dentro de ella, y que nunca saldría.
“¿Por qué simplemente no lo puedo olvidar?”
¿Es lo correcto olvidar a alguien? Siempre he estado en desacuerdo con esto. Si amaste a una persona, un cachito de ella pasa a formar parte de ti. Con esto me refiero a tu forma de actuar, de pensar, y de vivir. Si la olvidaras, perderías todos los aprendizajes que obtuviste a través de los buenos momentos.
Bueno, también de los malos.
Estaba llorando otra vez. Uno de los cajones del tocador estaba abierto y de ahí se asomaba una hoja maltratada donde fue escrito el último poema que él le escribió. Un fragmento del poema leía:
"Y aunque a veces no todo nos salga bien
siempre estarás rozándome la piel.
Siempre te amaré, y lo sabes.
Lo sabes."
“Y ahí lo tengo otra vez… Los versos que me escribió, hoy ya no valen nada. Palabras vacías que sólo me recuerdan que todo se terminó. Es difícil volver a recordarlo todo”
Ya no sabía qué hacer. Lo había dado todo por él, y él nunca lo supo apreciar.
"Le fue tan fácil decir adiós, así como también le es tan fácil decirme "que me extraña". Lo odio. ¿Por qué no puede dejarme ir, y ya?"
Dejó caer su cuerpo sobre la cama de nuevo. Ella no se merecía esto. Tomó el poema y lo arrugó contra su pecho... Ella lo seguía amando, y sabía que él también la amaba. Pero todo era muy complicado. Él no era lo suficientemente maduro.
Vibró su celular. Un inbox. "Te extraño. Todo esto ha sido muy difícil."
"¿Difícil para él? Ni se imagina..."
Cada vez le brotaban más lágrimas. Por un momento le pareció que las lágrimas eran rosas... Pero fue sólo su imaginación.
"Tal vez tomar un poco de aire ayude a tranquilizarme un poco"
Se levantó de la cama, de nuevo, y cruzó toda la habitación. Durante su trayecto, no pudo evitar observar una foto de él que tenía aventada en un rincón empolvado... Sintió una punzada de tristeza. Necesitaba salir de ahí. La melancolía flotaba por el cuarto, esperando a que ella respirara para poder entrar en ella.
Llegó hasta la puerta que buscaba. La abrió y pegó un salto hacia la noche. A pesar de la violencia, secuestros, promiscuidad y tal vez uno que otro casino que podría estar en llamas, su pueblo le gustaba, y más cuando la gente dormía.
Lo había logrado. Logró huir de la melancolía que quería adentrarse en ella. Era una mujer demasiado fuerte como para sufrir por desamor. Sin embargo, al voltear al cielo, volvió a ser asaltada por el recuerdo.
“Cuando estábamos juntos, solíamos tirarnos a ver el cielo. Justo antes de quedarme dormida viéndolo, el me tomaba delicadamente de la mano, y me prometía que nuestro amor iba a ser eterno… Pero él tuvo que terminarlo.”
Lloró como no lo había hecho desde que se fue de su lado. Por sus mejillas fluían lágrimas cargadas de una inmensa melancolía.
Y llorando ahí, fue cuando su razón finalmente se resignó. Lo amaba, y no iba a dejar que la vida se lo quitara así de fácil. Siempre habían luchado por estar juntos. Al día siguiente le diría que deberían de verse, y acabar con la injusticia de estar separados.
Mientras pensaba esto, seguía llorando... Era una mujer hermosa. Tal vez lo era aún más cuando lloraba.
La mujer que lloraba... lloraba en un balcón, ignorando que era observada.
Finalmente, tal vez no sería la vida la que la mantendría separada de él.
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Precuela de "La Mujer Que Lloraba"
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"Idiota".
Se dijo a sí misma, apagando la computadora. Le repugnaban aquellas pláticas. Conversaciones sin sentido que no hacían más que revivir viejos recuerdos que intentaba olvidar.
"...Olvidar"
No sabía si era lo correcto, pero se intentaba convencer de que era lo mejor para los dos. O al menos para ella, al final de cuentas, él ya no le importaba... O al menos eso debía de aparentar.
“Él debe de pensar que ya lo olvidé… Tal vez sólo así me olvidará”
Se levantó de la cama y caminó hasta el espejo. Apenas se alcanzaba a distinguir que había llorado, no podía permitir que sus padres la vieran así. Ella debía ser fuerte, se había propuesto olvidar todo y dar un paso adelante.
Se fijó en su reflejo. Veía a él en sus ojos. La parte de él que siempre viviría dentro de ella, y que nunca saldría.
“¿Por qué simplemente no lo puedo olvidar?”
¿Es lo correcto olvidar a alguien? Siempre he estado en desacuerdo con esto. Si amaste a una persona, un cachito de ella pasa a formar parte de ti. Con esto me refiero a tu forma de actuar, de pensar, y de vivir. Si la olvidaras, perderías todos los aprendizajes que obtuviste a través de los buenos momentos.
Bueno, también de los malos.
Estaba llorando otra vez. Uno de los cajones del tocador estaba abierto y de ahí se asomaba una hoja maltratada donde fue escrito el último poema que él le escribió. Un fragmento del poema leía:
"Y aunque a veces no todo nos salga bien
siempre estarás rozándome la piel.
Siempre te amaré, y lo sabes.
Lo sabes."
“Y ahí lo tengo otra vez… Los versos que me escribió, hoy ya no valen nada. Palabras vacías que sólo me recuerdan que todo se terminó. Es difícil volver a recordarlo todo”
Ya no sabía qué hacer. Lo había dado todo por él, y él nunca lo supo apreciar.
"Le fue tan fácil decir adiós, así como también le es tan fácil decirme "que me extraña". Lo odio. ¿Por qué no puede dejarme ir, y ya?"
Dejó caer su cuerpo sobre la cama de nuevo. Ella no se merecía esto. Tomó el poema y lo arrugó contra su pecho... Ella lo seguía amando, y sabía que él también la amaba. Pero todo era muy complicado. Él no era lo suficientemente maduro.
Vibró su celular. Un inbox. "Te extraño. Todo esto ha sido muy difícil."
"¿Difícil para él? Ni se imagina..."
Cada vez le brotaban más lágrimas. Por un momento le pareció que las lágrimas eran rosas... Pero fue sólo su imaginación.
"Tal vez tomar un poco de aire ayude a tranquilizarme un poco"
Se levantó de la cama, de nuevo, y cruzó toda la habitación. Durante su trayecto, no pudo evitar observar una foto de él que tenía aventada en un rincón empolvado... Sintió una punzada de tristeza. Necesitaba salir de ahí. La melancolía flotaba por el cuarto, esperando a que ella respirara para poder entrar en ella.
Llegó hasta la puerta que buscaba. La abrió y pegó un salto hacia la noche. A pesar de la violencia, secuestros, promiscuidad y tal vez uno que otro casino que podría estar en llamas, su pueblo le gustaba, y más cuando la gente dormía.
Lo había logrado. Logró huir de la melancolía que quería adentrarse en ella. Era una mujer demasiado fuerte como para sufrir por desamor. Sin embargo, al voltear al cielo, volvió a ser asaltada por el recuerdo.
“Cuando estábamos juntos, solíamos tirarnos a ver el cielo. Justo antes de quedarme dormida viéndolo, el me tomaba delicadamente de la mano, y me prometía que nuestro amor iba a ser eterno… Pero él tuvo que terminarlo.”
Lloró como no lo había hecho desde que se fue de su lado. Por sus mejillas fluían lágrimas cargadas de una inmensa melancolía.
Y llorando ahí, fue cuando su razón finalmente se resignó. Lo amaba, y no iba a dejar que la vida se lo quitara así de fácil. Siempre habían luchado por estar juntos. Al día siguiente le diría que deberían de verse, y acabar con la injusticia de estar separados.
Mientras pensaba esto, seguía llorando... Era una mujer hermosa. Tal vez lo era aún más cuando lloraba.
La mujer que lloraba... lloraba en un balcón, ignorando que era observada.
Finalmente, tal vez no sería la vida la que la mantendría separada de él.
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Precuela de "La Mujer Que Lloraba"
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Algún escritor
Andaba pensando... bueno, da igual. Saludos
----
Algún escritor
Era un escritor que encontró al mundo.
Y lamentándose preguntaba:
¿Acaso tiene que ser así?
Hay suficiente traición y odio,
rencor en el hombre común.
Y es que todos viven en su burbuja
ignorando lo ajeno,
siendo egoístas.
Hay suficiente odio
como para alimentar
al mejor ejército.
Un escritor encontró al mundo,
y asustado quedó, perplejo.
El mundo no le quería
porque, en realidad,
el mundo no quiere a nadie.
Más sabiendo esto:
¿Cómo vivir?
¿Cómo pueden vivir los demás?
A nadie le importa...
Pareciera que no se han dado cuenta
... de nada.
Un escritor encontró al mundo.
Y tal vez no exista un remedio
para este mundo,
pero consuelo...
consuelo siempre queda.
¿Cuál es?
Escribir.
----
Tweet
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Algún escritor
Era un escritor que encontró al mundo.
Y lamentándose preguntaba:
¿Acaso tiene que ser así?
Hay suficiente traición y odio,
rencor en el hombre común.
Y es que todos viven en su burbuja
ignorando lo ajeno,
siendo egoístas.
Hay suficiente odio
como para alimentar
al mejor ejército.
Un escritor encontró al mundo,
y asustado quedó, perplejo.
El mundo no le quería
porque, en realidad,
el mundo no quiere a nadie.
Más sabiendo esto:
¿Cómo vivir?
¿Cómo pueden vivir los demás?
A nadie le importa...
Pareciera que no se han dado cuenta
... de nada.
Un escritor encontró al mundo.
Y tal vez no exista un remedio
para este mundo,
pero consuelo...
consuelo siempre queda.
¿Cuál es?
Escribir.
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La Mujer Que Lloraba
Era una noche de aquellas.
De aquellas en las que, fastidiado por la monotonía de mi cacería, me puse a observar la vida nocturna. No recuerdo bien el nombre de la ciudad donde me encontraba, y realmente no me importaba.
Vi muchas cosas. Violencia, secuestros, promiscuidad y uno que otro casino en llamas. Actos que para mi tienen un valor sin importancia.
Lo que me llamó la atención fue una mujer. Una mujer que lloraba en un balcón bañado por la luz de una solemne Luna. Por sus mejillas fluían lágrimas cargadas con una melancolía que hubiera deprimido al más optimista.
Y, surcando el manto eterno que nos cubre como seres insignificantes, fue que me postré en un edificio más cercano a donde se encontraba. Tuve una mejor visión de ella. Sus manos eran hermosas, parecía que todas las estrellas cabían dentro de ellas.
No podía más con la curiosidad. Quería estar junto a aquella mujer que lloraba, pero, ¿qué pensaría al presentarme frente a ella?
Los humanos siempre me han gustado, especialmente las mujeres. No me alcanzan los versos para explicar la belleza que puede ser encarnada en unos labios de mujer, o la perfección que existe en el área que se encuentra debajo del ombligo y donde comienzan las piernas.
Siempre que veo a una mujer tan hermosa, me enamoro de ella. El problema es que, como criatura de la noche que soy, ellas mueren de miedo al verme.
El punto es, que la mujer que lloraba en el balcón era diferente. Yo lo sabía. En cada lágrima que le brotaba, yo veía una oportunidad de que de mi se enamorara. A veces la tristeza nos hace olvidarnos de lo que en verdad puede afectarnos.
Lo decidí. Me iba a presentar ante ella.
Con un salto, crucé el vacío oscuro que aún nos mantenía separados. Me postré justo frente a ella. Sus ojos eran de un azul muy claro, un azul que, si yo hubiera sido humano, podría haberme matado.
Su piel era tan blanca que parecía reflejar la luz de la Luna de una forma perfecta. Tenía unas imperfectas pecas escondidas detrás de las lágrimas que bañaban sus mejillas.
Clavé mi vista en la suya. Podría haber vendido mi alma por sus ojos… Si tuviera una. Pero mi ausencia de alma no importaba, en realidad yo estaba ahí por la suya.
Su alma sufría una inmensa agonía. No pude más que sentir lástima por ella. Yo la amaba, a ella y a su alma, pero no podía quedarme con ambas.
La tomé de las manos por primera y última vez. No sentí nada, en realidad nunca sentía nada.
La amaba, y ella me amaba por estar ahí, pero me amaba más por lo que estaba a punto de hacer.
La tomé por el cuello y finalmente la besé. No debes pensar que este fue un beso humano, ya que yo no soy uno. Un torrente de líquido muy caliente fluyó rápidamente de la herida de su cuello a mi garganta. No puedo relatarte el orgasmo que sentí en aquel momento, cuando su sangre llegó a cada uno de los rincones de mi cuerpo.
La melancolía de su alma me encantaba. No hay nada mejor que gozar la tristeza de otra persona.
Finalmente arrojé su cuerpo inerte por el balcón. Ya no me servía.
A final de cuentas, ya ni siquiera la amaba.
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De aquellas en las que, fastidiado por la monotonía de mi cacería, me puse a observar la vida nocturna. No recuerdo bien el nombre de la ciudad donde me encontraba, y realmente no me importaba.
Vi muchas cosas. Violencia, secuestros, promiscuidad y uno que otro casino en llamas. Actos que para mi tienen un valor sin importancia.
Lo que me llamó la atención fue una mujer. Una mujer que lloraba en un balcón bañado por la luz de una solemne Luna. Por sus mejillas fluían lágrimas cargadas con una melancolía que hubiera deprimido al más optimista.
Y, surcando el manto eterno que nos cubre como seres insignificantes, fue que me postré en un edificio más cercano a donde se encontraba. Tuve una mejor visión de ella. Sus manos eran hermosas, parecía que todas las estrellas cabían dentro de ellas.
No podía más con la curiosidad. Quería estar junto a aquella mujer que lloraba, pero, ¿qué pensaría al presentarme frente a ella?
Los humanos siempre me han gustado, especialmente las mujeres. No me alcanzan los versos para explicar la belleza que puede ser encarnada en unos labios de mujer, o la perfección que existe en el área que se encuentra debajo del ombligo y donde comienzan las piernas.
Siempre que veo a una mujer tan hermosa, me enamoro de ella. El problema es que, como criatura de la noche que soy, ellas mueren de miedo al verme.
El punto es, que la mujer que lloraba en el balcón era diferente. Yo lo sabía. En cada lágrima que le brotaba, yo veía una oportunidad de que de mi se enamorara. A veces la tristeza nos hace olvidarnos de lo que en verdad puede afectarnos.
Lo decidí. Me iba a presentar ante ella.
Con un salto, crucé el vacío oscuro que aún nos mantenía separados. Me postré justo frente a ella. Sus ojos eran de un azul muy claro, un azul que, si yo hubiera sido humano, podría haberme matado.
Su piel era tan blanca que parecía reflejar la luz de la Luna de una forma perfecta. Tenía unas imperfectas pecas escondidas detrás de las lágrimas que bañaban sus mejillas.
Clavé mi vista en la suya. Podría haber vendido mi alma por sus ojos… Si tuviera una. Pero mi ausencia de alma no importaba, en realidad yo estaba ahí por la suya.
Su alma sufría una inmensa agonía. No pude más que sentir lástima por ella. Yo la amaba, a ella y a su alma, pero no podía quedarme con ambas.
La tomé de las manos por primera y última vez. No sentí nada, en realidad nunca sentía nada.
La amaba, y ella me amaba por estar ahí, pero me amaba más por lo que estaba a punto de hacer.
La tomé por el cuello y finalmente la besé. No debes pensar que este fue un beso humano, ya que yo no soy uno. Un torrente de líquido muy caliente fluyó rápidamente de la herida de su cuello a mi garganta. No puedo relatarte el orgasmo que sentí en aquel momento, cuando su sangre llegó a cada uno de los rincones de mi cuerpo.
La melancolía de su alma me encantaba. No hay nada mejor que gozar la tristeza de otra persona.
Finalmente arrojé su cuerpo inerte por el balcón. Ya no me servía.
A final de cuentas, ya ni siquiera la amaba.
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El juego - de la vida
Yo corriendo.
Tú corriendo.
Él corriendo.
!El mundo corriendo!
El mundo entero corre,
grita, se mueve,
nunca descansa:
O es esto,
o es aquello.
Siempre algo
presionando,
molestando,
estorbando.
Y nunca
un respiro.
Fue cuando me detuve y
dejé de correr.
!Me sentí tan bien!
Respiré.
¿Por qué no lo había hecho antes?
¿Por qué la gente no lo hacía?
!Un balón!
me golpeó la cabeza.
metí un autogol.
- Fue cuando recordé
por qué uno debe
de estar
corriendo -
Zafar
Todos escapamos de algo, huimos. Somos prófugos de nuestro pasado.
"¿Vengo a buscar lugares comunes? Sí, mis lugares comunes, y vine a encontrarlos. Vengo a buscar otros otoños, otro sol, otro polvo que dé una nueva forma a mis ojos - para citar a Óscar de la Borbolla."
"Vine a esta ciudad porque nunca viví un otoño inspirador. Nunca me senté a leer a la sombra de un árbol, nunca caminé por un parque en el atardecer para escuchar el sonido de las hojas quebrarse bajo mis pies. Nunca conocí a alguien que me platicara de los bellos lugares de la ciudad mientras nos dirigíamos a un café clásico, y nunca probé el café con sabor de cigarro en la boca. Nunca olí una noche vacía, y jamás tomé un whisky para acabar el día."
"¿Vengo a buscar lugares comunes? Sí, mis lugares comunes, y vine a encontrarlos. Vengo a buscar otros otoños, otro sol, otro polvo que dé una nueva forma a mis ojos - para citar a Óscar de la Borbolla."
Tania metió la pluma a su maleta, luego la cerró.
II
¿Por qué todo se llena de pena cuando te vas? ¿Por qué siempre que extraño las finas líneas de tu cara el café no sabe igual? ¿Por qué no puedo arder cuando encuentro un amor de ocasión? ¿Por qué cuando exhalo el humo del cigarro no puedo perder la mirada? Los acordes de la guitarra no forman melodías, y las letras de las canciones no tienen acento.
¿Por qué cuando camino para olvidarte siento que te persigo? ¿Por qué tu sonrisa en la foto del buró es cada noche más impresionante e imponente?
¿A dónde te fuiste, Tania?
III
Martín besó a Tania en la mejilla. Sabía poco y nada de ella, pero había algo en ella que lo atraía. Sería probablemente el misterio que exhalaba en cada respiro, junto con los rasgos bien marcados de su cara, y su cabello negro. Sería, tal vez, el secreto que guardaba ella debajo de la oreja, casi en el cuello; o tal vez era precisamente su cuello. Tal vez eran sus labios, que no podía dejar de ver cada vez que se reía. Le dijo:
-¿Has leído alguna vez a Alorsa Domínguez?
.-No - respondió ella, sonriendo.
-Tiene un cuento que me gusta mucho. Un personaje de una mujer que se va.
.-¿A dónde se va?
-A pintar. Se va a Buenos Aires. El punto de la historia no es saber porqué se va, sino el hecho de que se va a buscarse a sí misma en un lugar en el que nunca ha estado.
Tania apagó su cigarro, y replicó:
-Yo soñé que huía.
.-¿Huías? ¿De qué huías?
-No, no huía, zafaba. - dijo ella, y perdió la mirada por la ventana del departamento. Se levantó de la cama y se vistió. - ¿Te veré pronto? - preguntó.
IV
"No hay felicidad donde no hay inspiración. No hay inspiración donde no hay un amor total. No hay amor total en una cama de cenizas. Gracias por todo, no hay calles mojadas aquí para mí, todo está seco, todo es tan... no sé. Sé que tampoco estoy aquí".
Tania guardó la pluma en la maleta, y la cerró.
Y no habría nadie esperándola en el siguiente aeropuerto, y justo así lo quería ella.
Pensamiento Random
Basta con que sus labios rocen los míos
por unos segundos, o menos.
Mis átomos harán contacto con los suyos,
habrá algún intercambio de electrones o partículas
y eventualmente todo
por unos segundos, o menos.
Mis átomos harán contacto con los suyos,
habrá algún intercambio de electrones o partículas
y eventualmente todo
quedará igual.
Nada extraordinario, ya saben.
Todo igual.
Pero en realidad,
Nada extraordinario, ya saben.
Todo igual.
Pero en realidad,
tal vez,
ese minucioso intercambio
ese minucioso intercambio
de partículas, de
electrones,
significa que ahora yo tengo un cachito de ella,
y ella tiene un cachito de mí.
¿Alguien lo había pensado de esa manera?
significa que ahora yo tengo un cachito de ella,
y ella tiene un cachito de mí.
¿Alguien lo había pensado de esa manera?
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