No quiero dejar de alucinar,
pero se desvanece esa imagen
que me mantiene animado,
la calavera vuelve a su sitio.
El cielo se torna grisáceo
y tu recuerdo traslúcido,
los insectos que anidan mi cabeza
devoraron tu sonrisa.
Tu cráneo yace inerte y
nuestros lazos desgastados,
las caricias del pasado
enterradas en la almohada.
Tus pies seducían la arena,
impulsaban su ascenso
a las nubes y la erizaban
sin tocarla.
Hipnotizaste al amanecer,
y hacia mis ojos soplaste la brisa
que latigueó mis pupilas,
ya no apreciaré más tu forma
me ha frustrado la ceguera.
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