Un mate no se le niega a nadie

"Mirá, un mate es como un punto y aparte. Uno lo toma y después se puede empezar un nuevo párrafo."  Cortázar



Desde los simbolistas traduciendo el absinthe en poesía hasta una plática tranquila en la ronda de mate, nos realizamos en los rituales: en ellos parimos la reflexión artística y reinventamos el espíritu de pertenencia.

El crujir de la hoja de coca en la boca de una chola, son las proezas del imperio inca en Sudamérica. Están las canciones huicholes en el sabor del peyote. Son los aztecas a grito de guerra los que marchan en el pulque. Habla quichua la flauta andina en el ritual de la ayahuasca y, el ruido del agua hirviendo que sube por la bombilla, son los charrúas en la ronda de mate.

Desde la época precolombina, en el Río de la Plata tenemos esta bebida que nos enorgullece por haber desafiado la erosión del tiempo: el mate.

El mate es una infusión, como el té. 

-¿De dónde sale la yerba mate?, me preguntó un amigo escéptico. 
- Mirá, Sale de un arbusto enano, el Ilex paraguariensis; luego la hoja y el palo se secan para hacer diferentes tipos de mezclas

Hay ligeras diferencias a la hora de tomar mate en las dos orillas del Río de la Plata, en Uruguay se toma la mezcla sin palo, en Argentina con palo. Pero más allá de las variaciones de la yerba, el ritual del mate no es ni argentino ni uruguayo, es simplemente "rioplatense".

En el Uruguay comenzamos a tomar mate desde gurises, la conspiración comienza cuando las abuelas preparan el mate dulce, le ponen un poquito de azúcar para que al chiquilín no le sepa tan amargo, y reciba el primer mate con cariño. Luego, al crecer, tomarán mates con su familia, creando un lazo indestructible entre afecto y mate. La segunda revolución personal ocurre el día en que nos preparamos un mate para nosotros mismos; ese día comenzamos a pensar.

Es imposible tomarse un mate y no meditar, en ese preciso momento en que sube el vapor del agua hirviendo de la primera cebada, surge la primera idea; si estás en compañía, surge la primera plática.

Se podría escribir ensayos enteros sobre las bondades de la yerba mate: retrasa el envejecimiento por contener una alta concentración de antioxidantes, tiene efecto estimulante, tónico y diurético. Es más fuerte que el té verde, más saludable que el café, más natural que el Ritalin, más efectivo que el Red Bull y no te desconecta de la realidad: como el alcohol o la marihuana. La yerba mate no está prohibida en ningún país ni genera dependencia.

El mate se puede tomar de dos formas: solo o en el ritual de la ronda. Una característica distintiva de la ronda de mate, es su simpleza: el mate se burla del salón de té, con todos sus lujos, protocolos, modismos sociales. Con su rutina, cucharas de plata, aditivos; sus señoras de clase alta en el ritual de las apariencias. Prescinde de la parsimonia para dejar espacio a lo auténtico, con la sencillez de una bombilla en el porongo. La ronda de mate está por encima de los apellidos, las ideologías y los problemas.

Cuando nos acercamos a una ronda de mate lo primero que vemos es el porongo, una calabaza especial donde se coloca la yerba mate (el joven principiante debe saber que existen diferentes tamaños y formas, adaptados según la individualidad y preferencias de cada persona); a continuación se pone agua caliente (el cebado) sobre la yerba, para luego sorber la infusión por un popote metálico: la bombilla. Si bien parece sencillo, quien prepara el mate (el cebador), debe estar adiestrado en el arte de cebar, una habilidad que se adquiere con los años. La ronda de mate tiene ritmo, el sonido de la bombilla es la medida del tiempo en la ronda; aunque el mate ya esté frío, si la plática es buena, la ronda es buena, y la mateada puede extenderse horas.

En la ronda de mate siempre hay un lenguaje ritual codificado, hay que recordar un conjunto de reglas con las que el cebador y el invitado se comunican a través de la ronda, ya sea en la plática directa o en el simbolismo del arte de cebar. Hay un orden, el mate se pasa en sentido de las agujas del reloj. Brindar un mate al recién llegado traduce el agrado o felicidad que se siente hacia la visita; rechazarlo implica, por el contrario, desprecio. Cuando alguien nos ofrece un mate, se usa siempre la mano derecha para recibirlo; se debe tomar el mate hasta acabarlo y, si la bombilla hace ruido, mejor. Cuando no deseamos tomar más, le decimos gracias al cebador.

Para participar en el ritual debemos conocer los significados ocultos, estos son los códigos de la ronda de mate decodificados:

Mate dulce: Brindarle a alguien un mate dulce significa amistad, cariño fiel.

Mate chorreando: Se le ceba un mate chorreando a una visita o presencia inoportuna.

Mate con la bombilla hacia atrás: Significa desprecio, ya que no hay esmero por parte del cebador en agasajar correctamente a su convidado.

El Mate de la despedida: Depende de las cualidades del cebador al cebarlo. Si es un mate rico o apetitoso, se transmite el deseo de un pronto retorno: "vuelve pronto"en tanto si se trata de un mate lavado, el significado es: "no te espero". 

Mate corto: Es el mate cebado con poca agua, permite ofrecer con mayor frecuencia el mate, aumentando el contacto entre las manos de la cebadora y el convidado. Significado: quiero verte más seguido. 

Mate del estribo: En el medio rural la dinámica de la tertulia no culmina generalmente con el retiro del visitante, sino que se extiende, aún cuando éste se ha despedido siguiendo todas las reglas, al momento en que monta su caballo para partir. Si se trata de una persona muy estimada, los dueños de casa, con el fin de seguir dialogando, le ofrecen un nuevo mate. 

Mate espumoso: Los mates con mucha espuma se caracterizan por su exquisito sabor, hecho que se ha vinculado al amor, determinando con pequeñas variantes: "te quiero con todas las de la ley", correspondencia amorosa, cariño verdadero, "te amo demasiado".

Mate ensillado: Si cuando llega una visita no se cambia toda la cebadura, sino tan solo una pequeña porción de yerba, significa que no deseamos tomar muchos mates con esa visita. En este sentido se le da el significado de molestia disimulada o aprecio fingido. 

Mate frío: El significado de un mate frío abarca desde la indiferencia hasta el desprecio.

Mate lavado: La expresión mate lavado, si bien recoge muchas variantes en el lenguaje simbólico, encierra siempre un mismo espíritu: rechazo. 

Mate con sal: Se lo utiliza para transmitirle al convidad que se marche. 

Mate vacío: Ya que el mate es el mejor vehículo para mantener una conversación, cuando se entrega sin agua (vacío), se da a entender que ha terminado un diálogo o una relación amorosa. 

Mate al recién llegado: El mate recién aprontado expresa agrado por la visita, razón por la cual fue denominado mate de agasajo o mate de bienvenida. 
          
- ¿Qué es para vos un mate? -le pregunté a una amiga
- Es como una canción, cuando tomás un mate se alternan los silencios con la plática.

Tomar una lata de refresco como Pepsi o Coca Cola, es un acto desechable; no imprime una marca diferente en la rutina, no inspira ningún instante mágico. A diferencia del consumo veloz; la ronda de mate es un espacio atemporal, que desafía de forma subrepticia la rutina de la vida posmoderna.

El mate no es un refresco, nadie toma mate porque tenga sed. Hay una distancia abismal entre la bebida ritual y el refresco comercial. La bebida hace el ritual porque tiene voz propia y, de alguna manera, cuando la escuchamos hay costumbres, historias y misterios. Los refrescos se han expandido por todo el mundo, pero no engañan al espíritu; cuando destapamos una Coca Cola, no se escucha nada.



"El mate es exactamente lo contrario a la televisión: te hace conversar si estás con alguien, y te hace pensar cuando estás solo." 
Lalo Mir
    Jorge G. Zea, Mate abstracto. 2012

Vivimos una revolución mateica, gracias a la invención del termo el mate está colonizando las ciudades para apropiarse del espacio público. Es normal ver a los montevideanos con su termo bajo el brazo, mate en mano van al trabajo, a la oficina, a caminar; van con sus hijos, novias, amigos, porque el mate es una bebida que sabe mejor cuando estás acompañado.

Dice Lalo Mir que un mate es el compañerismo hecho momento.
Es la sensibilidad al agua hirviendo.
Es la modestia de quien ceba el mejor mate.
Es la generosidad de dar hasta el final.
Es la hospitalidad de la invitación.
Es la justicia de uno por uno.
Es la obligación de decir gracias al menos una vez al día.
Es la actitud franca y leal de encontrarse sin mayores pretensiones que compartir.

El mate es nada más y nada menos que una demostración de valores.
Hace del tiempo una ronda y nos inspira fraternidad.
Se respira la familia, se huelen los consejos y se oyen los amigos.
Se bebe el tiempo, la confianza, los abrazos.



Fuentes-.

Cortázar, Julio. Rayuela. Capítulo 28. Editorial Cátedra, primera edición, 2008.
Mir, Lalo. Un mate y un amor. Radio Mitre “Lalo Bla Bla”. Buenos Aires
Web Canarias, el mate de mi país / Códigos del Mate / El Ritual. www.canarias.com.uy
Abella, Gonzalo. Mitos leyendas y tradiciones de la Banda Oriental. Editorial Monteverde, 2001.

Videos recomendados-.

"Llevar un mate a un amigo"  www.youtube.com/watch?v=K-QUZDLlt_g

Breve Y Único Diario

12 de septiembre, 2012

La gente siempre cuestiona mis actos, y a veces también yo lo hago. Hoy decidí empezar un diario para tener un lugar donde escribir y escribir y escribir y tal vez dibujar algún corazón [donde se lea "tú y yo"]. ¿Por qué dibujar un corazón y no empezar un cuento? Porque tiendo a evitar los cuentos. Me gusta escapar de ellos como lo hago del tiempo de los demás, aunque a veces esto resulta complicado. Casi tan complicado como explicar la razón por la cuál hoy decidí cebar un mate y no preparar una(s) taza(s) de té, pero no tan complicada como la razón por la que sigo escapando de ti. Ésta razón es muy sencilla de explicar, las mujeres son muy cercanas a los cuentos. Me atrevería a decir que sirven como puentes, que tal vez sólo funcionan como meros recursos literarios. Y por eso escapo de las mujeres, porque me hacen escribir y escribir y escribir y encontrarme conmigo mismo y cuestionarme y total, ya hay un cuento.

Y esa es la razón que intento darle al hecho de que escapo de ti y te evito, te renuncio. Tal vez empezar éste diario es un símbolo de rebeldía contra la imposición de tus labios sobre los míos, de tu imagen en mi pensamiento. Pero ese no es el punto. Lo importante es que sigo sin estar seguro de por qué escribo esto y por qué lo hago mientras espero a que el semáforo se ponga en verde y poder seguir avanzando.

13 de septiembre

Intento escabullirme, pasar desapercibido por tus pensamientos, pero no lo he logrado. Hoy de algún modo me alcanzaste e intentaste que te acompañara a jugar a la Rayuela en medio de la universidad, y de haber aceptado tu invitación ¡tras! ya habría cuento. Además uno intenta no enamorarse de ti y haces todo lo posible para que mi cuerpo comience la terrible segregación de endorfinas con el simple hecho de escuchar tu nombre. Pero me mantengo firme, y me voy, y te dejo parada como esperando a que yo regrese y te tome de la cintura y le demuestre a todo mundo que a veces puedo dejar de ser el hijo de puta.

El enorme problema son las casualidades. Te empeñabas en hacer que cada encuentro pareciera obra de la casualidad, y así era. Y yo te miraba, y cerraba los ojos, y pensaba: "No, no la mires, no te enamores". Y abro los ojos y te veo frente a mi cuestionando mis gestos y mis miradas. No sabes que eres lo peor que me podría haber pasado por éstas fechas, porque te amo y amarte me está cagando.

Y me estás cagando tú también.

18 de septiembre, por la mañana

Aún traigo el esófago destrozado por la estúpida ingesta de tequila llevada a cabo por tu servidor durante las fiestas patrias. Llevo cinco días sin verte y el nivel de endorfinas se ha reducido considerablemente. La verdad es que estos días te he extrañado tanto que te escribí un soneto que no pude terminar como es debido porque no todos tenemos tiempo para ser tan pretenciosos.

Zona de penumbra entre la noche del 18 de septiembre y la madrugada del 19

Nada de esto es justo. Frente a mi tengo como veinte sobres de té ya usados y casi todos mis cigarros consumidos. El problema es la gran hoja en blanco que he estado observando desde hace largo rato (creo que desde que decidí dejarte con una rosa en la mano porque, mujer, tengo prisa de llegar a casa).

Digo que no es justo porque esto ya es un problema grave. Si fueras como el resto de las mujeres, si fueras un puente para un cuento algo mediocre, ya habría acabado de contar tu historia. Pero no me funcionas ni como recurso literario, no puedo escribirte ni un verso. En cambio me desahogo escribiendo en éste jodido diario porque ya me enamoré de ti y eres mi Maga y el asunto ya no tiene vuelta atrás. Me condenas a sufrirte porque tu amor es una cagada que llegó en el peor momento y yo me vuelvo un idiota cuando estoy enamorado. Me vuelvo tan idiota que comienzo a desvariar cuando estoy contigo y no dejo de hablar de ti en todo el jodido día y cierro los ojos y ahí estás. Coño, me empapas el alma.

Y me ahorraría ésta desvelada y la tinta malgastada si no hubiera pasado el día contigo y con tus uñas cuyo color me recuerda el vino. Me miras, me hablas de filosofía, me intentas enamorar un poco más y sabes hacerlo perfectamente porque, finalmente, termino siendo un cliché de mi mismo que es tan predecible que basta con que tu piel me roce un poco para someterme a tu dictadura. Pero debo ser fuerte, dejar de escribir en éste diario porque sus hojas ya me saben a ti. Además deben haber cosas más interesantes qué hacer que desahogar mi frustración en estos trozos de papel.

23 de septiembre

Sólo estoy poéticamente enamorado, eso es todo.

4 de octubre

No renuncio a nada, simplemente hago lo que puedo para que las cosas me renuncien a mi. Algo así escribió Cortázar en "Rayuela", en el capítulo 31, me parece que es el vigésimo quinto diálogo en una discusión entre Oliveira y Gregorovius. Y esto lo acabo de leer hoy, justo hoy que te encontré acechándome como siempre y que me preguntaste "Rodrigo, ¿por qué me evitas?", y yo no supe qué responder. Porque la verdad es que lo hago, acostumbro a separarme de las cosas porque le tengo un cierto miedo al compromiso y a toda la mierda que el noviazgo (o simplemente digamos relación, no hay que ser tan radicales) trae consigo. Vamos, hay todo un protocolo social que hay que seguir, y los protocolos sociales son nefastos. Me cuesta trabajo seguir un cierto patrón de conductas cuando yo ni siquiera me explico por qué a veces me comporto como me comporto. Lo que sí me perece pertinente resaltar es el hecho de que nos encanta estarle dando vueltas al asunto y jugarle al amor cortés para al final sólo llegar al sexo, cuando podríamos habernos ahorrado todo el protocolo y habernos desvestido ipso facto. Pero todo esto es mentira, o no importa. El punto es que te evito porque no me serviste ni de puente para escribir algo, y te sigo amando, y estoy jodido.

10 de octubre

"Inercia. Todo dura siempre un poco más de lo que debería". 

En otros asuntos, hoy te escribí un poema.

19 de octubre, por la mañana

Los últimos días los viví sin saber dónde estaba el diario, y tal vez sea esa la razón por la que estuve contigo tanto tiempo. Besándonos y recitándonos a Neruda y a Borges y me hablaste un poco de Girondo porque de ese señor he leído muy poco y yo me ponía unas pedas dignas de un personaje de Hemingway porque me caga estar enamorado de ti. 

Te amo, eres mi Maga. Me convertiste en un estúpido que vive todos los días para encontrar casualidades en todos lados sólo para darse cuenta de que nada es casualidad porque todo está premeditado por una mujer como tú. Te metiste tan dentro de mi que de seguro tuviste la culpa de que yo empezara éste diario, éstas siempre fueron tus intenciones. Que yo escribiera en un diario que leería una y otra vez todos los días con el simple objetivo de convencerme de que estaba enamorado de ti y que eso no debía cagarme aunque ya no me sirvieras de recurso literario. Así que me resigno, tú ganas. Te amo, y lo haré hasta que alguna tragedia nos joda y alguno de los dos termine sumergido en uno de esos estados pelenopelezcos que tan bien caracterizan los finales de mis historias de amor.

Te amo, la puta madre.

19 de octubre, muy de noche.

Hoy fue la primera vez que hicimos el amor, y mientras lo hacíamos escribí veinte cuentos dentro de mi cabeza (los hubiera escrito en éste diario si mis pantalones no estuvieran tan lejos). Lo jodiste por completo, estaba enamorado de la idea algo platónica que tenía de ti, de tu sexo, de tu cuerpo. Todo se fue a la mierda, ya no te amo porque ya todo se ha consumado en lo que puede llegar a ser. Gracias por ser otra más en la lista de los encuentros carnales y banales.

En realidad no tengo mucho qué decir. Volveré a ser un hijo de puta y a la mierda con éste diario. Tengo que escribir más cuentos.

Vacío


Y sientes ese vacío:
Aunque comas y veas la tele,
platiques con tu madre,
recojas los platos y saques
la basura del domingo.
Ese vacío que no se va, que
te estruja y desespera.

Guardas la calma, o eso intentas.
El chiste es no decirle a nadie.
Tal vez porque no quieres molestar
o porque no quieres que nadie se entere.
- La segunda más que la primera -

(¿Pues qué les importa?)

Así que vas a la escuela y pretendes estar bien,
(aunque no sepas muy bien cómo).
Saludas a algunos
y evitas a otros;
sonríes para no desentonar y
notas que todos hacen lo mismo:
¿No será que todos están vacíos
igual que yo?

Escoges la silla que está al fondo
y esperas. Mientras el vacío
te carcome y
las palomas caminan.
Mientras
el sol caliente no cesa de apuntarte
por la ventana.

Atiendes por diez minutos.
Dibujas garabatos sin sentido e intentas distraerte.
Ese vacío no te deja.
Como si te arrancara algo.
Como si te chupara el alma.
Te sientes incompleto y quisieras
dejarte llevar por el viento,
arrastrar por las olas y
consumir por los gritos.



Te haces a la idea:
hoy no serás una persona libre
y te resignas, tranquilo.
Disimulas un rato.
Intentas no hablar mucho
y escuchas amablemente.
Regresas a tu casa y
juegas fifa, o comes,
o sales al jardín o ves a tu vecina.
Nada sirve.
Y nadie nota el vacío en tu interior
pero, en el fondo, está bien.
No quieres que nadie lo descubra.
La gente debe pensar que eres fuerte,
para que desarrollen esa idea de que
"no los entiendes".
Para que tu sangre corte.

Así que te molesta más sentir el vacío que el vacío en sí.
Y no lo puedes explicar.
Y no puedes explicar nada.
(¿Qué se hace en estos casos?).
Aprovechas el tiempo perdiéndolo y
te vuelves un experto en mirar a la pared
y fruncir tus cejas.
Arrugar tu frente…

Ya la luna te observa
por la ventana y
la noche
te corta con su silencio.
Y es ahí cuando
descubres, 
muy en el fondo, 
que ese vacío es tu
aliado.
Y que está bien sentirse
incompleto de vez en cuando,
porque un ser humano
vacío,
por definición está más completo
que cualquiera que asegure 
estar lleno.


Endorfinas Hijas de Puta

Durante esta exposición entenderé a la endorfina como la sustancia culpable de que me enamore de una mujer.

"Endorfina" es una palabra bastante peculiar. Para empezar, su etimología es muy interesante: viene del griego "ενδο" que significa "dentro", y "morfina", que es relativa a Morfeo. Morfeo, para aquel párvulo que se lo pregunte, es el dios de los sueños (de acuerdo con la mitología griega). También es bueno recordar que la palabra "morfina" es utilizada en nuestros días para designar una potente sustancia que es comúnmente utilizada como analgésico. Una endorfina, según la medicina moderna, es un neurotransmisor, o en cristiano, una biomolécula que transmite información a la neurona o a otra neurona consecuente. Si mi exposición hasta ahora ha sido algo clara y coherente, ahora estarás de acuerdo en que "endorfina" es una palabra bastante peculiar.

Empecemos por su etimología. Como ya dije, la palabra proviene de "endo" y "morfina", dando como resultado algo parecido a "endo(genous) (mo)rfine". Entonces, podríamos preguntarnos ¿esto quiere decir que una endorfina es un sueño que viene de nuestro interior que a su vez intenta servir de analgésico para transmitir información a nuestro cerebro?

Vamos por partes: "una endorfina es un sueño". Por sueño entiendo aquella representación en la fantasía de sucesos e imágenes. ¿Una endorfina es esto? Apenas vamos empezando y ya suena grave. Podría interpretar esto como que la sustancia culpable de que me enamore es un mero fantasma, que nos ataca mientras estamos desprevenidos deambulando por la ominosidad de nuestra fantasía. Endorfina hija de puta, aprovecha que nos encontramos imaginando cosas de las que Freud se asustaría para tomarnos por sus prisioneros. Pero esto no es del todo cierto, la endorfina no nos toma como su prisionero, nos toma como prisionero de alguna mujer.

La RAE define, en pocas palabras más, a la endorfina como una sustancia que posee un efecto narcótico. Dicho efecto provoca narcosis, que es una disminución de la sensibilidad y la consciencia. Es decir, que si de por sí ya nos encontramos perdidos en el mundo de nuestras fantasías, dicha sustancia nos idiotiza todavía un poco más y nos hace estar totalmente indefensos a lo que, a partir de éste momento, llamaré la dictadura de la mujer.

La parte buena es que aquí Nietzsche aparece para salvarnos. En "El Nacimiento de la Tragedia" dice que en los sueños se manifiestan nuestras fantasías, nuestros placeres y nuestras alegrías, por ello es que esto es una alegre necesidad. Lo que nos interesa es que Nietzsche advierte que esto sólo es una apariencia, una máscara que oculta otro mundo más profundo donde se manifiesta la embriaguez y el hombre finalmente se desintegra en el olvido de uno mismo.

Librándose de la mujer. Vamos bien.

Pero imaginemos que no todos somos Nietzsche y nuestro mundo se reduce al mundo onírico, donde seguimos siendo prisioneros de la mujer, porque ella es la que, al entrar en nuestra vida, regula nuestras fantasías, esclaviza nuestra alegría y prostituye nuestras ilusiones. Esto suena tan malo y deprimente que estoy listo para continuar.

Para empeorar las cosas, expandamos nuestra expresión a "una endorfina es un sueño que viene de nuestro interior". Por si no fuera suficiente ésta dictadura de la mujer en el mundo de nuestros sueños, ahora debemos de entender que ésta sumisión viene desde nuestro interior. De esto no diré mucho, ya que no es muy difícil de entender. Me limitaré a decir que, si eres un hombre y lees esto, tal vez te traicione esa herencia machista que tienes en tu interior y me etiquetes como un tarado ultra sensible y sometido a la dictadura de la mujer. Pero permíteme informarte que todo hombre heterosexual lo está, a menos que tengas una glándula pituitaria y un hipotálamo tan ineficientes que no segreguen endorfinas. Y en ese caso, qué mala genética, compañero lector.

Con esto quiero decir que el deseo de someternos a la dictadura de la mujer viene de nuestro interior, es algo inherente a nuestra naturaleza. A través de la historia y la mitología ha habido un infinito número de ejemplos de lo que sostengo. Por ejemplo, por más alfa que fuera el jefe de la tribu, por más fuerte que fuera el Rey Arturo, por más mujeriego que fuera Tony Stark, todos fueron sometidos a través de las endorfinas a la dictadura de la mujer. El ejemplo más claro que tenemos de la intromisión de la mujer en nuestros sueños es el del súcubo, un demonio que, según las leyendas medievales, toma la forma de una mujer muy atractiva para seducir a los hombres introduciéndose en sus sueños y fantasías. Imagínense al pobre Cid Campeador asaltado por uno de esos engendros mientras soñaba con acercarse a una hermosa aldeana a través del amor cortés.

Pero vamos, que si nuestro cuerpo segrega a éstas hijas de puta, al menos nos aminora la pena. Ampliemos nuestra expresión a "una endorfina es una hija de puta un sueño que viene de nuestro interior que a su vez intenta servir de analgésico". Es decir, nos jode la existencia enamorándonos de una mujer, pero menos mal que aminora el dolor. Aquí podemos comparar el dolor de ser sometidos a la dictadura de la mujer con el dolor de contraer cáncer de piel, por ejemplo. Podríamos decir que la endorfina funciona como un analgésico que nos hace entrar en un estado de miseria mental de tal gravedad que idealizamos a la mujer como un ser bello y perfecto. Y tal vez esa descripción que acabo de hacer de la mujer sea la más acertada que he hecho en mucho tiempo, o puede ser el efecto de las putas endorfinas. Siguiendo la línea del súcubo, la etapa del analgésico podría compararse con la etapa en la que el demonio nos seduce antes de chuparnos la sangre.

Y así llegamos al final de nuestra expresión, que queda definida como "una endorfina es un sueño que viene de nuestro interior que a su vez intenta servir de analgésico para transmitir información a nuestro cerebro". Esto nos hace entender que el único propósito de aminorar el dolor de la dictadura de la mujer es que nuestro cerebro pueda asimilarlo y quede enamorado al instante que una mujer nos sonríe, nos toma de la mano o nos entrega su cuerpo.

En pocas palabras: nuestro propio cuerpo nos tiende una espantosa trampa. Primero nos pone a soñar, donde la idea de la mujer comienza a adueñarse de nosotros. Posteriormente, sirve de analgésico para que entremos en un estado de estupidez absoluta y aceptemos el último paso: que la información sea recibida por nuestro cerebro y caigamos instantáneamente enamorados y felices y totalmente pendejos.

Y es así como éstas hijas de puta (las endorfinas) hacen que nos enamoremos cada semana, cada día, cada hora o cada sonrisa. Que caigamos rendidos ante la chica del pelo castaño y los pechos pequeños, que escribamos poemas y cuentos como tributo a la creación de la mujer perfecta. Que no durmamos por leer a Girondo para tratar de recitárselo al pie de la letra a nuestra siguiente dictadora, que ya queramos que sea lunes para volvérnosla a encontrar en los pasillos de la universidad. En fin, que nos volvamos unos pendejos por ellas.

Pero, en realidad, qué satisfactorio es estar con una mujer. Sentir sus dedos recorriendo tu brazo, sus labios contra los tuyos. Percibir el olor de su pelo y flotar juntos al hacer el amor. Derramarse sobre su piel y volar con ella hasta el cielo. Y así enamorarnos, y seguir soñando. Y preparar el té mientras espero a que salgan las letras que mejor la describan, fumar un cigarro mientras intento juntar las palabras. Todo esto gracias a dichos neurotransmisores hijos de puta. Benditas endorfinas.

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Pido una disculpa por la inexactitud científica que pueda tener ésta exposición. Para su desarrollo, me baso en la libertad estipulativa sobre la palabra "endorfina" establecida al principio del texto y de un desarrollo bastante literal de algunos de sus significados convencionales, con la libertad de haber omitido algunos. Igual, espero lo disfruten =)

Un poema más


Me encontré perdido en un bosque frondoso,
huyendo de aquello sin ser vez primera.
Y ocultándome sólo, como cualquiera,
temblaban mis pies con andar silencioso.

El camino era oscuro, mi alma viajera.
Y siendo necio me ignoraba vacío,
más me encontró una flor con su rocío,
que me llenó de dulzura y primavera.

“¿Por qué estás tan sólo? ¿Qué haces perdido?”
- Susurró la flor con delicadeza,
moviendo su tallo con ligereza
y diciendo: “sígueme, que yo te cuido.”

Y entonces la flor me distrajo de aquello.
Y me cautivó con sus pecas, con sus ojos;
sin darme cuenta que sus pétalos rojos
me atrapaban en su bosque de un destello.

Y estando a oscuras, cuando calma sentía,
me abandonó la flor de forma artera.
Me encontré sólo, como cualquiera,
y me atrapó aquello de lo que huía.

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(...y pues nada, ahora estoy enamorado).

Un Día En El Parque

Me gusta el parque. Uno puede venir aquí con los amigos o con la mujer y siempre obtendrá un buen resultado. Con los amigos puede jugar fútbol todo el día, o al menos hasta que las ganas de ir por una cerveza le ganen a las ganas de ver cómo César sufre en la portería. Siempre me ha gustado el fútbol, sobre todo porque la gente se enoja y hace berrinche y te manda a cagar cuando va perdiendo, pero no estoy escribiendo esto para hablar de las peculiaridades de jugar fútbol. Cuando se viene al parque con la mujer, o con cualquier otra, es una experiencia totalmente distinta. Se camina tomados de la mano, se alimenta a los patos, uno intenta quedar bien con la mujer jugando con los niños y, a veces, intentamos enamorarnos.

Ese día no había ido al parque a patear un balón o a enamorarme de alguien, aunque sí había ido con los amigos. Traía, tal vez, una de las peores crudas de mi vida y no sé por qué decidimos ir ahí, pero vamos, había un poco de sol y ya ven que eso les gusta a las niñas. No entiendo a las mujeres y su lógica de arrastrar a cuatro cabrones con ellas sólo para que vean cómo se asolean y se quedan con las gafas de sol puestas mientras se quedan perdidamente dormidas. En fin, hay que acostumbrarse a esto de tener amigas, al cabo tiene sus ventajas.

Teníamos a tres de nuestras amigas tiradas como lagartijas al sol. Ellas también se habían puesto una buena borrachera la noche anterior, por lo que la cruda hizo que se quedaran dormidas sobre el pasto. El clima era asqueroso, un calor húmedo de esos a los que estoy tan poco acostumbrado. La cruda era horrible y ya no aguantaba. Viendo que César se quedaba acostado con las niñas, le pedí a Iker que me acompañara a comprar un agua, y fuimos.

Pasamos al lado de una alberca donde unos cuantos niños aprovechaban el clima para jugar en el agua un rato. Unos chapoteaban y otros se meaban, cosa normal a esa edad. Seguimos de largo, sintiendo la pesada mirada de esas señoras de treinta y tantos años cuya fantasía es hacer el amor con hombres tan jóvenes como nosotros, pero mantuvimos el aplomo y el asunto no pasó a mayores. Doblamos la esquina y vimos lo que yo creía que era una tienda tipo 7/11 a unos cuantos metros. Continuamos el camino bajo ese horrible clima que sólo acrecentaba los nefastos efectos de la cruda, y después de tanta joda, llegamos a nuestro destino momentáneo.

Era una tienda de helados, pero no me desanimé, estaba casi seguro de que venderían agua. Me sentía demasiado mal y había demasiada gente formada. Aún así, ya habíamos llegado hasta aquí. Habíamos sobrevivido todo el trayecto y no podíamos regresar con las manos vacías. Hicimos fila mientras hablábamos de esas cosas que siempre hablamos, ya saben, hamburguesas y mis eternos problemas existenciales. La fila seguía avanzando y los niños pasaban corriendo a los lados lamiendo sus helados, pero ya no faltaba casi nada, unas 236 personas y llegábamos al final de la fila.

Pasaron unos minutos antes de que avanzáramos hasta el final, pero mi sufrimiento fue eterno. Sentía cómo el ron de anoche quería emprender la aventura de escalar desde mi estómago hasta la boca y asomarse a conocer el mundo. Afortunadamente no pasó nada, y llegamos hasta el mostrador.

Y la vi. Hermosa, perfecta, mirándome a los ojos. Una chica que parecía salir de una de de novelas donde las mujeres son demasiado hermosas como para existir. Me miraba con una sonrisa nerviosa, y creo que nos quedamos viendo un par de minutos hasta que Iker me dijo "apúrale, güey", y de mi boca salieron palabras en mi mejor francés.

- Quiero un agua, s'il vous plaît.

- Lo siento, monsieur, pero creo que no tenemos agua...

- Really?!

Y nos quedamos viendo como 3 eternidades seguidas. Me sonreía y sus ojos me invitaban a conocerla, y de seguro yo me veía tan tarado como nunca me había visto en mi vida. Noté que tenía un pequeñísimo lunar debajo del ojo, un detalle pequeño que me hacía amarla más de lo que ya la había empezado a amar. Tenía el pelo castaño claro atado en una cola de caballo, la piel blanca y pecas en algunos rincones de su cuerpo. Traía un típico uniforme de trabajadora y una estampa pegada en su pecho izquierdo, donde se leía su nombre.

- Claro que tenemos agua, joven.- Dijo una señora que pareció salir de la nada. Creo que era la dueña del lugar pero nunca estuve muy seguro. Al menos era la jefa.

- Déme la más grande que tenga.- Respondí, como un intento de regresar a la realidad.

Saqué el billete y pagué. Y me volví a quedar viendo a la chica, y ella a mi, pero fuimos interrumpidos. La jefa le ordenó ir por el agua que yo había pagado, respondiéndome tímidamente "lo siento, estoy en entrenamiento" y luego señaló la estampa pegada en su pecho izquierdo.

Vi que se dirigía a un refrigerador en un rincón de la tienda, así que decidí apresurarme y llegamos básicamente al mismo tiempo. Al intentar abrir la puerta para ver qué había adentro, nuestras manos se entrelazaron y así se quedaron para siempre. Y nos quedamos viendo, de nuevo. Y jugué con su mano, la acaricié con mis dedos. La tomé entre mis brazos, justo como se suponía que debía hacerlo. Ella temblaba, nunca le había pasado algo tan interesante en su vida, y tal vez a mi tampoco. Sentí cómo su cuerpo se acercaba al mío, sus pequeños pechos brindándome esa sensación de cercanía que todo hombre debe de sentir con una mujer cuando la ama. La amaba tanto, como nunca había amado a nadie en una tienda de helados. Inevitablemente nos besamos, y el mundo vibró bajo nosotros quebrando los retazos de realidad que giraban al rededor de nosotros, rompiendo los cimientos de cualquier convención que prohibiera lo que estábamos haciendo. Nos besábamos tanto y tan bien que todo se volvió como siempre debió haber sido. Y comencé a jugar con su cuerpo y a quitarle la ropa que tanto mal le hacía, e hicimos que la realidad se destruyera aún más y todo terminó en un beso y ella susurrándome al oído. Creo que viví toda mi vida en esos segundos, y la amé, y nunca dejaré de hacerlo.

Y entonces me acordé de Iker, y de la gente que estaba en la tienda de helados, y de nuestras amigas tiradas en el pasto sin tomar en cuenta que los Ray-Ban iban a dejarles una horrible marca en el rostro. Y giré la cabeza, y no había nadie. No había amigos, no había helados, sólo la chica de los pechos pequeños y yo. La volví a besar y la volví a amar, y la amé mil veces más, y ya nada importaba. Sólo quería la botella de agua que vine a comprar, coño.