Primer Debate Presidencial 2012

Hoy, domingo 6 de mayo del 2012, se transmitirá por diversas plataformas el primer debate de los candidatos a la presidencia. En medio de la polémica desatada por la falta de importancia que las televisoras le han dado a dicho debate, el IFE transmitirá el debate a través de diversas plataformas. En Tinta Contemplativa no nos podemos quedar atrás, así que a continuación les dejo el link desde el cual pueden ver el debate en vivo por una transmisión del IFE, así como las preguntas que se les harán a los candidatos.

http://www.youtube.com/user/IFETV/featured?v=Rjzr7TfY5Zw    <---------


Economía y Empleo
1. Subtema: Crecimiento
1.1. ¿Qué acciones y políticas propone para aumentar el crecimiento económico del país?
1.2. ¿Qué propone usted hacer para facilitar el acceso al crédito de las empresas mexicanas, en particular de las pequeñas y medianas?
1.3. ¿Qué política industrial se propone impulsar y por qué?
1.4. ¿Qué características tendría su política de ciencia y tecnología?
1.5. ¿Cuál es su política para el campo?
1.6. ¿Considera usted que el actual modelo económico es el adecuado, o es posible algún otro modelo alternativo?
1.7. ¿Cuál es su posición frente a las llamadas reformas estructurales, por ejemplo fiscal, laboral y energética?
2. Subtema: Finanzas Públicas
2.1. ¿Qué propone usted para reducir la dependencia del petróleo e incrementar la recaudación?
2.2. ¿Considera usted que debe haber una redistribución de facultades y responsabilidades de recaudación entre federación, estados y municipios?
2.3. ¿Qué propone para garantizar que el Estado gaste mejor los recursos públicos que administra?
2.4. En materia de subsidios, exenciones y consolidación fiscales, ¿cuáles son sus propuestas?
2.5. ¿En qué deben gastarse los excedentes que se obtienen del petróleo y cómo equilibraría el presupuesto?
3. Subtema: Empleo
3.1. México no genera el millón de empleos al año que se necesitan ¿Cómo propone usted generarlos?
3.2. ¿Qué propone usted para generar empleos para los jóvenes que buscan incorporarse año tras año al mercado laboral?
3.3. ¿Qué propone para mejorar la calidad de los empleos?
3.4. ¿Qué haría usted para crear más empleos formales y reducir la informalidad económica?
3.5. ¿Considera usted necesaria una reforma laboral, y en su caso, qué características debiera tener?
3.6. ¿Qué propone para elevar el ingreso y el poder adquisitivo del salario?
3.7. ¿Cómo se propone preservar y ampliar los derechos de los trabajadores y la autonomía de los sindicatos?
4. Subtema: Competencia
4.1. ¿Considera usted conveniente permitir la inversión privada en PEMEX y CFE?
4.2. ¿Qué acciones y políticas impulsaría para evitar las prácticas monopólicas, especialmente en los servicios de telefonía, banda ancha y medios masivos de comunicación?
4.3. Uno de los retos más importantes de México es promover la competencia económica ¿Cómo se propone usted hacerlo?
4.4. ¿Qué mecanismos propone para atraer inversión pública, privada y extranjera en el volumen que requiere México?
4.5. ¿Está de acuerdo en promover la autonomía y las facultades de los órganos reguladores de competencia para sancionar las prácticas monopólicas?
4.6. ¿Cómo piensa garantizar el principio constitucional de la rectoría del Estado en la economía, especialmente en las áreas estratégicas y prioritarias?
Seguridad y Justicia
1. Subtema: Combate al crimen
1.1. ¿Cuál sería su estrategia para combatir el crimen organizado y en qué se diferencia de la actual?
1.2. ¿Qué propone usted para reducir la violencia en el país?
1.3. ¿En qué rubros invertiría usted los recursos públicos para combatir mejor al crimen organizado?
1.4. ¿Cuál es su postura con respecto a la legalización de las drogas?
1.5. ¿Diseñaría su estrategia frente al crimen organizado con la participación de la sociedad? ¿Cómo intervendría ésta en ese diseño?
2. Subtema: Fuerzas del orden
2.1. ¿Mantendrá a las fuerzas armadas realizando tareas de seguridad pública? ¿Y cuál debe ser su papel en la lucha contra el crimen organizado?
2.2. ¿Cuál considera usted que debería ser la estructura de la policía a nivel nacional?
2.3. ¿Qué haría usted para profesionalizar y capacitar a la policía y combatir la corrupción?
2.4. ¿Qué medidas instrumentaría para reconstruir la relación entre la sociedad y la policía?
2.5. ¿Qué propondría usted para evitar que las fuerzas del orden violen los derechos humanos?
3. Subtema: Procuración e impartición de Justicia
3.1. ¿Cómo se promovería una procuración más eficiente, completa y honorable en los distintos ámbitos de la justicia?
3.2. ¿Promovería usted la autonomía constitucional del Ministerio Público, y en qué términos?
3.3. ¿Cómo mejoraría usted los mecanismos de defensa de los particulares a cargo del Estado?
3.4. ¿Qué medidas impulsaría para acabar con la impunidad?
3.5. ¿Qué políticas adoptaría usted para mejorar el sistema penitenciario en México, incluyendo evitar las fugas de las cárceles?
3.6. ¿Qué medidas en concreto propone para agilizar la implementación del nuevo sistema de justicia penal, incluyendo los juicios orales?
3.7. ¿Qué medidas concretas propone para modernizar el poder judicial? ¿Y qué opina del método para la designación de sus miembros, especialmente de los ministros de la Suprema Corte?
4. Subtema: Prevención y reinserción
4.1. ¿En qué consistiría su plan para la prevención del delito, y qué prioridad le daría?
4.2. ¿Qué estrategias implementaría para mejorar el combate al lavado de dinero?
4.3. ¿Qué propone para alejar a los jóvenes de las redes del crimen?
4.4. ¿Cuál será su política para combatir el tráfico de armas de fuego dentro del país?
4.5. ¿Qué reformas propondría para transformar el sistema penitenciario del país?
4.6. ¿Impulsaría el establecimiento de un sistema de penas sustitutas para que algunos delitos no se sancionen con prisión?
Desarrollo Social
1. Subtema: Combate a la pobreza y la desigualdad
1.1. ¿Qué propone usted para combatir la pobreza extrema o alimentaria?
1.2. ¿Qué políticas y/o programas pretende aplicar para lograr una disminución en los niveles de pobreza en México?
1.3. ¿Qué haría con Oportunidades, eliminarlo, continuarlo o modificarlo?
1.4. ¿Cómo lograr disminuir las desigualdades económicas y sociales en México?
1.5. ¿Propondría en el sistema jurídico mecanismos para que los derechos sociales sean exigibles jurídicamente por los gobernados?
1.6. ¿Cómo modificaría los programas sociales para evitar su clientelización y uso electoral?
2. Subtema: Educación
2.1. ¿Cuáles son sus principales propuestas para elevar la calidad educativa?
2.2. ¿Estaría de acuerdo en ampliar la jornada escolar, y en su caso, cómo la instrumentaría?
2.3. ¿Qué medidas implementaría para garantizar el acceso de niños y jóvenes a las tecnologías de información y comunicaciones?
2.4. ¿Qué haría usted para acelerar las evaluaciones en el sistema educativo?
2.5. ¿Cómo piensa mejorar el acceso y la calidad en la educación media superior y superior?
2.6. ¿Cuál será su posición frente a los maestros y sus organizaciones?
Desarrollo Sustentable
1. Subtema: Energía
1.1. ¿Cuál sería su política de subsidios a los energéticos?
1.2. ¿Cómo impulsaría el desarrollo de energías renovables en el país?
1.3. ¿Cuál es su estrategia de abasto energético sustentable y qué papel juega PEMEX en ella?
1.4. ¿Qué acciones llevaría a cabo para reducir la emisión de gases de efecto invernadero que provocan el fenómeno del cambio climático?
1.5. ¿Cómo piensa enfrentar las consecuencias cada vez más nocivas que tiene el cambio climático, tales como sequías e inundaciones?
1.6. ¿Qué papel debe tener el Estado y su rectoría económica en la promoción de energías renovables?
1.7. ¿En qué grado debe intervenir la iniciativa privada en la aplicación de las políticas públicas para enfrentar el cambio climático?
2. Subtema: Conservación
2.1. ¿Cuál sería su política en materia de ordenación y conservación del territorio?
2.2. ¿Cuál sería su política de subsidios para el campo, con criterios de conservación al medio ambiente?
2.3. ¿Cuál sería su política para lograr una explotación ordenada y sustentable de los recursos de los mares mexicanos?
2.4. ¿Qué medidas tomaría para frenar la deforestación y recuperar los recursos naturales renovables del país?
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En Tinta Contemplativa mantenemos una opinión neutra en cuanto a éstas elecciones.

¿Recuerdas...?

¿Recuerdas cómo te miraba?


Esas imágenes se diluyen poco a poco. Todos esos retratos lentamente comienzan a desvanecerse. Sé que estás escondida en algún lado,  y te busco debajo de esos pesados recuerdos.

La soledad me toma la mano en la oscuridad. A veces siento que camino hacia atrás, que ésta realidad es sólo un mal sueño en el que no estás. En éste recuerdo etéreo ya no te encuentro. Ya no sé por qué te estoy buscando. Romper con los recuerdos cuesta demasiado, y más cuando es la melancolía lo que te mantiene atado. ¿Soy en mí mismo, o te pertenezco? Creo que, en realidad, los dos le pertenecemos a los recuerdos. Somos esclavos de eso que alguna vez fuimos, si es que alguna vez llegamos a ser algo. Roto el corazón es cuando parecemos menos humanos, sabes que sin mí nunca podrás llegar a ser lo que siempre pudiste haber sido.

Y cuando la sombra de los retratos desaparece, cuando todo se ha diluido, sólo quedan las vagas sombras de los recuerdos. Debajo de ellos tal vez se encuentre la respuesta a la pregunta que nunca respondimos, a la promesa que no cumpliremos. Perdimos la capacidad de mirarnos a los ojos, cuesta trabajo recordar la manera en la que te miraba. Yo sí recuerdo tus ojos y tu sonrisa, y la manera en que desnudaban mi alma. Fueron tus palabras las que me enseñaron a amar, las que me encadenarían por siempre a tu ser, a tu alma.

¿Recuerdas cuando me enseñaste a amar?


Los recuerdos son como huellas en la arena. Cuando miras hacia atrás, te das cuenta de que no hay nada, sólo obscenas marcas que te recuerdan lo estúpido de tu andar. No diría que cuando caminé a tu lado, dejando nuestras huellas juntos, fue algo estúpido. El problema fue la marca que dejamos cuando nos caímos. Y fue, tirados en la arena, donde nos empezamos a ahogar. Comenzó a caer esa lluvia que nos inunda el alma con la más profunda necesidad de otra persona. Nos empapa y nos prohibe pararnos y seguir andando, nos deja aquí tirados, sin poder siquiera mirarnos a los ojos.

¿Recuerdas cuando no llovía?


Ésta lluvia es la penitencia que debo pagar. Es la manera en la que los recuerdos no dejan que te suelte, nuestras huellas no se separan. ¿Recuerdas cómo te miraba? Tal vez esa sea la clave de todo. Tal vez nunca debí de haberlo hecho. Eres lo mejor que se ha cruzado por mi vida, y lo que la vuelve más miserable día a día.

No sé por qué te escribo esto, tal vez ya no soy ni un recuerdo.

Cácuaro

- ¡¡Sal de aquí!!
- Sandra, vamos a tranquilizarnos un poco.
- ¡¡TE ODIO!!
- Sandra…
- ¿Cómo has podido hacerme esto? ¡No haces más que engañarme! pero ojalá te vayas al infierno como el maldito bastardo que eres… ¡Cabrón!
 - Eso no es cierto, déjalo ya.
- ¡¡Sal de aquí ahora!! No te quiero ver, ¿qué no ves que me dan ganas de matarme?
- Sandra, yo te quiero.
- ¡¿Acaso no tienes vergüenza?! ¡Largo de aquí, cabrón! Eso es lo que eres: ¡¡UN CABRÓN DE MIERDA!!
- ¿Qué se supone que haga si me voy?
- No me interesa, vete.
- Está bien.
- ¿Lo ves? ¡¡De seguro irás con alguna golfa!! ¿Cómo no lo vi desde antes?
- Pero tú eres la que me está pidiendo que me vaya…
- ¡¿Eso querías no?! ¡Vete con una de tus golfas!
- No, yo no te quiero perder. ¿Qué te parece si te marco en la noche?
- ¡Jamás me vuelvas a marcar! ¡Jódete!
- Pero…

Sandra tomó el tostador que estaba junto a ella y me lo lanzó. Apenas pude esquivarlo. Vi como el tostador se quebraba en pedazos al pegar con la pared y caer el suelo.

- ¡Sandra, te estás volviendo loca! – grité.
Entonces se tiró de rodillas al suelo y comenzó a llorar. Tenía todo el maquillaje corrido.
- ¿No ves que estoy loca por ti? ¿Por qué me engañas? ¿POR QUÉ?
- Sandra, yo no te engaño. Yo te amo.
- ¡Ya no aguanto tus mentiras! ¡CABRÓN! ¡Sal de mi casa porque te juro que estoy a punto de matarte!

Así que salí de aquella casa y caminé por la banqueta hacia ninguna parte. Después de lo que acababa de pasar me había quedado sin planes y tenía toda la tarde libre.

Es curioso cuando uno camina hacia ninguna parte, sin rumbo. Se siente un vacío interesante, incertidumbre tal vez. Por otro lado es una de las actividades más inocentes que quedan hoy en día: caminar sin rumbo no implica absolutamente nada, solo eso. Y sin embargo casi nadie lo hace. Queda poca inocencia entre nosotros.

Pero en fin, yo quería a Sandra. Era una linda persona, el problema es que en el mundo ya hay muchas lindas personas y aún así estamos jodidos. Así que no era la gran cosa. Definitivamente no iba a llamarla, por lo menos no hoy. Ni mañana. Probablemente todo se terminaría yendo a la basura como si jamás hubiera existido, si es que en realidad algo existió. Da igual.

Estaba un poco deprimido, eso sí. Pero era lo habitual. En realidad las lágrimas nunca alcanzaban a brotar. Hace años lo habían dejado de hacer y la verdad es que yo estaba conforme con eso. No llorar tal vez me ahorraba un poco de tiempo, vida o lo que sea.

No voy a sufrir – me suelo decir - la gente ya sufre demasiado. Todos. Los problemas amorosos siempre estarán de moda en ese sentido, (aunque tal vez moda no sea la palabra correcta). Pero me refiero a que las expectativas de la gente no suelen ser conformes a la realidad, aunque nadie se da cuenta.

Es la razón por la que las canciones de amor y las telenovelas gustan tanto. Hay un punto en que todos nos sentimos identificados con la historia, pero es porque nos venden situaciones que a todos nos suceden. Truismos amorosos. Eso sí, las telenovelas siempre tienen un final feliz. Esa es la trampa.

No digo que no me gusten los finales felices y las historias de amor, por supuesto que hay novelas, poemas y canciones que valen la pena. El arte es arte y hay que saberlo apreciar. De lo que me quejo es que muchas veces la desilusión que experimentamos es en gran medida consecuencia de las ideas que nos venden desde pequeños. Durante toda nuestra vida nos educan en un mundo regido por cuentos como el de “El príncipe azul” y “la media naranja”. Lo vemos en los cuentos de hadas y en las películas de Hollywood. Fantasías que en realidad no es seguro que experimentemos, pero nos las repiten tanto que las empezamos a creer. Entonces crecemos con la certeza de que vamos a encontrar a alguien, desarrollando una fe ciega en eso del amor. Y vamos por ahí buscando nuestra media naranja y siendo pacientes – o tal vez ilusos – pues el futuro ciertamente es muy incierto, y eso nadie nos lo recuerda.

La realidad es que encontrar a la persona ideal es como sacarse la lotería. El mundo es demasiado crudo el resto de las veces. Es cuando te das cuenta que venderle fantasías a la gente puede ser nocivo. De por sí la realidad es bastante dura como para que nos vendan historias que solo aumentan –aún más- nuestras expectativas sobre el amor. Para que cuando caigamos nos duela más. ¿No sería mejor si en vez de eso nos prepararan para lo peor? Así la caída no dolería tanto para quienes fracasan. Pero bueno, aquél que esté enamorado tal vez no concuerde conmigo. Todo es relativo.

Seguía caminando por la calle. Sandra era hermosa, tal vez la extrañaría por un tiempo. No lo sé. Entonces noté un olor nefasto. Algo por ahí olía a mierda, literalmente. Me detuve para observar las suelas de mis zapatos y me di cuenta que había pisada el regalito de algún perro, (espero que de algún perro). Así que esto iba de mal en peor. Tal vez era una señal del universo para que dejara de descubrir sus secretos. Como sea, continué caminando. Después de todo era lo único que sabía hacer más o menos bien.

A lo lejos logré ver un café con mesas al aire libre. El local no era muy grande. Tal vez era un buen lugar para perder un poco de vida. Al acercarme más vi a una mujer leyendo en una de las mesas del lugar. Era la típica mujer linda con lentes que encuentras en los cafés. Le voy a hablar –pensé.

Entonces mi día ya tenía un objetivo. Ya tenía rumbo y mi caminar ya no era tan inocente después de todo. Nadie es tan inocente después de todo.

Cuando llegué al café decidí pedir algo que me relajara lo suficiente como para de todas formas no hacer nada y regresar a mi casa. La vida tenía momentos bellos. El punto es que después de seis cervezas definitivamente todo estaba mejor. Los pájaros cantaban, el clima era perfecto y la chica lectora, que seguía sentada en frente, me parecía hermosa. Comencé a pensar cómo rayos iba a hablarle. Tal vez si supiera qué estaba leyendo podría pensar en algo. O tal vez ya tenía demasiado alcohol encima como para poder hablar sobre algo “intelectual”.

De repente un señor, como de 40 años, se sentó frente a mí tapando completamente mi vista. Era muy delgado, llevaba un sombrero de copa, usaba anteojos redondos y tenía un bigote algo extravagante, (Like a sir).

- Muévase – le dije.
- Te ves algo cansado – me respondió.
- No es su problema.
- También eres algo agresivo…
- No, sólo estoy algo borracho.

Entonces el tipo alzó la mano y nos pidió una cerveza a cada uno.

- ¿Acaso me quieres matar? – le pregunté.
- No. Solo quiero platicar un poco, si no te molesta.
- Está bien. No voy a desperdiciar la cerveza.
- ¡Perfecto!
- ¿Y qué vamos a platicar?
- Pues no sé, si pudieras escoger hacer algo, lo que sea, ¿qué harías?
- ¿A qué quieres llegar?
- Solo responde lo que te pregunto, por favor.
- No lo sé. Me gustaría saber volar, o tener vista de rayos X, o detener el tiempo tal vez.
- ¡Oh! ¿Detener el tiempo?
- Sí eso dije.
- ¿Y qué harías para lograrlo?
- No lo sé, eso es imposible viejo.
- Mmm…

El tipo me miró fijamente. Parecía que quería decirme algo, pero no estaba seguro de cómo decirlo. Entonces habló:

- ¿El tiempo es temporal?
- ¿Qué? ¿A qué te refieres?
- Mmm… mira, te voy a contar algo que me pasó hace algunos años, cuando era niño.
- ¿El cuento va a durar mucho?
- Tranquilo, te va a gustar. Yo tenía como 5 años – ¿me sigues? -, recuerdo que era otoño y había muchas hojas naranjas y amarillas regadas por el jardín de mi escuela.
- Ajá…
- En ese entonces había dos niños que me molestaban diario. ¡Era un infierno! Tenían dos o tres años más que yo y ya sabes, me quitaban el almuerzo, mi dinero y luego me golpeaban. Yo llegaba con sangre y moretones a mi casa, era horrible. Mi madre me preguntaba que qué me había pasado y yo siempre le decía que los moretones me habían salido por jugar futbol. Le decía que yo era el portero. La verdad es que tenía miedo que mi madre se metiera con ellos…
- Eso es tonto, le debiste haber dicho a alguien…
- Lo sé. Ahora suena tonto, pero es que en serio les tenía miedo, ¿sabes? En verdad me golpeaban duro. Me dejaron inconsciente un par de veces. Recuerdo despertar y sentir ese dolor. Apuesto que tú no lo has sentido nunca muchacho.

El punto es que era otoño y mis padres no llegaban por mí al colegio. Yo estaba jugando en el jardín, y no había nadie más, o eso creía. De repente escuché las voces de los dos chicos que solían golpearme. Interrumpí lo que hacía para escuchar mejor y noté que se acercaban, así que decidí esconderme. Estaba muy nervioso y comencé a sudar mucho. Decidí que lo mejor era esconderme entre los helechos del jardín. Eran grandes y frondosos y por alguna razón seguían teniendo todas sus hojas. Así que me escondí ahí deseando con todas mis fuerzas que no me encontraran. Ellos, por su parte, sabían que yo andaba por ahí. Recuerdo que los veía desde los helechos buscándome por todas partes, pero no me encontraban. Comenzaron a enojarse mucho. Entonces se acercaron lentamente a mi escondite y buscaron por ahí. Yo sudaba mucho, sentía que mi corazón iba a estallar. Era tanta la presión que no me di cuenta que me hice del baño. La pipí comenzó a escurrir entre los helechos y se empezó a formar un charco justo donde ellos estaban parados buscándome. Sabía que era mi fin. Ellos no tardaron en notarlo y cuando me vieron, pude ver cómo sonreían. Una de las sonrisas más crueles que he visto en mi vida. Yo estaba hecho bolita y todo mi cuerpo estaba tenso, cerré los ojos con todas mis fuerzas y mis dientes rechinaron dentro de mi boca…

- ¿Entonces? ¿Te golpearon?
- … Cuando abrí los ojos, recuerdo verlos a ambos inmóviles. Como estatuas. Me di cuenta que todo estaba callado. Me levanté con miedo de mi escondite y ellos seguían sin moverse. Algo raro sucedía.

Salí de ahí algo apresurado, como pensando que tal vez me fueran a perseguir cuando me moviera, pero nada. El silencio era penetrante. Jamás me había sentido así. Miré a mi alrededor y noté, un poco lejos de mí, un pajarito recogiendo migajas del suelo. Pero el pajarito tampoco se movía. Nada se movía. Incluso el viento se había ido. Fue cuando me di cuenta de lo que había logrado: ¡había detenido el tiempo!

- No te creo nada.
- Lo sé. Sé que es difícil. En realidad no me importa si no me crees, pero imagínalo por un momento. El punto es que, cuando me pude tranquilizar, me di cuenta que podía salir de ahí sin problemas. Todo estaba en mis manos. Después de aquel día esos dos no me volvieron a encontrar jamás. ¡Por fin sabía cómo escapar de ellos!
- Eres muy bueno inventando historias.

Me incliné un poco para ver si la chica de lentes que había visto en un principio seguía en el lugar, me alegré al ver que sí y le di un buen trago a mi cerveza. Eso era bueno. Empezaba a atardecer y en el cielo se formó ese curioso cúmulo de nubes color naranja que de vez en cuando uno tiene la suerte de ver, si es que se acuerda de mirar al cielo.

- Te voy a hacer un truco de magia – me dijo el señor del sombrero de copa.
- ¿También sabes magia? – le pregunté desinteresado.
- Sí. Voy a desaparecer tu cerveza, observa…

El tipo miró fijamente mi cerveza, luego cerró los ojos y tensó su rostro. Podía verle algunas venas saltonas en su frente. Estaba muy concentrado.

- ¡Cácuaro! – gritó.
Entonces miré para ver si mi cerveza seguía ahí pero me sorprendí al no encontrar nada.
- ¿Qué has hecho? – le pregunté asombrado.
- Desaparecí tu cerveza, como te dije que iba a hacer.

Busqué por debajo y por arriba de la mesa, miré a mi alrededor, y nada. La botella de cerveza había desaparecido.

- Creo que ya estoy ebrio – le dije.
- No. Simplemente detuve el tiempo, te digo que yo puedo hacer eso. Al detener el tiempo me encargué de tomar tranquilamente tu cerveza y llevarla a algún lugar donde no la pudieras ver. Hice esto mientras el mundo estaba en pausa.
- Eso es imposible.
- No lo es. Yo tampoco lo creía al principio, pero durante años lo he logrado perfeccionar.

El tipo alzó la mano de nuevo y nos pidió otras dos cervezas.

- Gracias – le dije.
- Yo te puedo enseñar – respondió.
- ¿A detener el tiempo?
- Sí, no es muy difícil.
- ¿Y cómo es eso?
- Primero necesitas creer.
- Eso es complicado.
- Lo sé, pero inténtalo.
- Está bien ¿y luego?
- Luego necesitas fijar la mirada en algo, lo que sea. Pero el chiste es sentir miedo verdadero.
- ¿Miedo verdadero?
- Sí. Si te resulta muy difícil tal vez te sirva recordar alguna situación en la que hayas sentido mucho miedo. Yo suelo recordar la historia que te conté.
- Bien.
- Por último debes concentrar todas tus fuerzas hacia tu cabeza. Como si quisieras que la cabeza te explotara, ¿me explico? Y cuando sientas que es el momento correcto, cierras los ojos y dices: “Cácuaro”.
- ¿Eso es todo?
- Sí, cuando abras los ojos el tiempo se habrá detenido.

La verdad es que no le creía nada. Ni siquiera me esforcé en intentarlo, pero este tipo no era muy normal y me causaba cierto interés el seguir platicando con él. Además, definitivamente había desaparecido una cerveza. Una persona que desaparece cosas merece todo el respeto del mundo.

- Mira, puede que ahora no me creas – dijo - pero cuando esto sea tu última opción, sé que lo intentarás. Todos lo hacen.

Entonces el sujeto se levantó de la mesa y se fue caminando. Extraña plática había tenido con él. Tal vez eran las ocho cervezas que tenía encima o tal vez el mundo sencillamente no tenía sentido. Creo que eran ambas.

Miré a la chica de lentes que seguía leyendo en la mesa de en frente. Ella pareció notarlo, me miró y sonrió levemente. ¿Era mi imaginación?

Tal vez eso era lo que necesitaba: una mujer que lea, que pierda las tardes en un café ignorando al mundo y que sea relativamente feliz. En realidad había pensado eso desde hace tiempo. Mi prototipo de mujer perfecta es aquella que lee, que es tranquila y desinteresada. Incluso un poco torpe. Alguien que se vea mejor con anteojos que sin ellos.

Sin embargo eso era pura basura. En realidad uno nunca sabe qué tipo de persona es su pareja ideal. Vivimos deseando algo cuando en realidad no sabemos si somos compatibles con eso. Nos pasa a todos. Y es lo mismo con las mujeres: quieren un hombre que las haga reír, que sea sincero, tierno y caballeroso. Hasta parece que me lo sé de memoria. Pero muchas veces si uno es sincero, tierno y caballeroso desde el principio termina siendo sólo un amigo más. Los hombres que sean suficientemente vivos se habrán dado cuenta de eso y lo evitan a toda costa.

Y es que el humano puede tener la certeza de querer algo y contradecirse. La mente solo es un adorno, pues nos seguimos dejando llevar por los instintos, igual que cualquier animal.

Interrumpí mi debraye porque me entraron unas ganas terribles de ir al baño. Después de ocho cervezas hasta me extrañaba el no haber ido al baño antes.

El punto es que me levanté y caminé hasta llegar al baño del café. Cerré la puerta con seguro y comencé a descargar. No hay mucho que escribir cuando uno narra que se mete a un baño a mear, en lo único que pensaba era que saliendo de ahí me sentaría con la chica de lentes y hablaría con ella de lo que fuera.

Entonces salí del baño, respiré profundo y me dirigí a su mesa.

-Hola – le dije mientras me sentaba junto a ella.
Pero antes de que me pudiera responder, alguien nos interrumpió.
- ¡Eres un cabrón!
Giré mi vista y lo primero que vi fue a Sandra observándome desde el otro lado de la calle. La gente empezó a voltear.
- ¿Sandra?
- ¡¡LO SABÍA!! – Sandra se acercó hasta donde yo estaba.
- ¿Qué demonios haces aquí? – le pregunté.
- ¡¡Sabía que te encontraría aquí con alguna golfa!!
- Pero no estoy haciendo nada…
- Por supuesto que no, ¡llegué justo a tiempo!
- De qué hablas, ¿estás loca?
- ¡¡No me insultes!! ¡cabrón!
- ¡Cácuaro! – Grité. Pero todo seguía igual.
- ¿¿Qué??
- ¡Cácuaro!
- ¿¡Qué demonios haces!?
- No necesito esta mierda.
- ¿¿Qué intentas??
- ¡Cácuaro! – Pero nada cambiaba, empezaba a verme un poco ridículo.
- ¡¡Deja de ignorarme!!
- ¡Cácuaro! ¡CÁCUARO!

Y entonces sucedió. Un verdadero silencio se apoderó de todo, jamás había sentido algo parecido. Como si todo muriera menos mi alma, si es que tenía alguna. Noté que mi corazón también había dejado de latir, era hermosamente escalofriante. Sentía que algún tipo de fuerza fluía dentro de mi cuerpo y se paseaba por mis venas alegremente. Tal vez era la primera vez que me sentía poderoso, o la primera vez que me sentía vivo.

Me acerqué a Sandra, sentía una especie de calor emanando de ella como si hubiera fuego en su interior, recorriéndola. Podía sentir que estaba viva. Tal vez en verdad me quería.

Su gesto de rabia me incomodaba un poco. Estático, tosco. Noté unas cuantas lágrimas escurriendo por sus mejillas, pero las lágrimas no se movían en absoluto. Pude apreciar una pequeña gota, una lágrima que flotaba por debajo de su rostro. Podía ver mi cara reflejada en esa gota y quedé cautivado por un eterno segundo. Luego le resté importancia. Después de todo, el tiempo no existía. Y podía ver al mundo sin que el mundo me viera a mí.

Esto de detener el tiempo era lo mejor que me había pasado en toda la semana, parecía interesante. Luego seguí mirando a Sandra.

En verdad es hermosa – pensé - mañana tal vez le llame.

Y caminé hacia ninguna parte, inocentemente.

Sombras en los Retratos

El cielo se estaba cayendo. No había un techo en todo San Ángel que me cubriera de la lluvia, y tampoco pensaba buscarlo. Caminaba por esas calles apedreadas, salpicándome con los charcos, hundiendo mis botas en el barro. Levantaba la vista al cielo y veía que se encontraba llorando, lleno de sombras, oscuro. Tal vez así me vean los otros.

El canto de la melancolía susurraba en mis oídos. Ya llevaba mucho tiempo caminando por esa calle, hace mucho tiempo que debía de haber llegado al otro lado. No le he encontrado el fin, o tal vez no he querido hacerlo. El mismo canto ha encontrado reposo en mis oídos desde que camino solo, pero no me he acostumbrado a su solemne frío. Camino y camino, y cada vez me hundo más en el barro.

Y ese canto se filtra por mi ser y envenena mi alma, nubla mi razón. En la calle de la locura no sabes si vas en la correcta dirección, pero siempre escucharás la misma triste canción. Suelo caminar de frente, pero no sé si ese frente sea siempre el mismo. Voy bailando por las lagunas que se forman en éste reflejo de mi ser, a veces me ahogo en un abismo o en otro.

Lo importante es que nunca he llegado al otro lado de la calle. El problema es que ya no sé cuál es el otro lado. Ya hace un rato que me quité los zapatos y comencé a caminar descalzo. Las piedras mojadas se sienten tan reales como el amor del que Shakespeare alguna vez llegó a escribir un cuento. Sé que no estoy soñando, porque, aunque todo se encuentre muerto y gris, siento la lluvia ahogarme los pensamientos, llenarme de añoranza el cuerpo.

No sé dónde me perdí, pero recuerdo que terminé aquí parado por quedarme mirando esos retratos pegados en los muros. A veces juego a pensar que la historia que cuentan esos retratos aún sigue siendo real, y no ésta calle empapada, oscura, eterna. Ya no sé si soy falso, o si soy real, pero sé que la melancolía que sangra por el suelo es más bella que cualquier cosa que alguna vez llegaré a sentir. Y es esa melancolía la que nutre lo que queda de mi alma y me permite ver estos retratos, aunque la añoranza me haga encontrar algunas sombras en ellos.

A veces viene un tal Rodrigo a visitarme, a preguntarme qué hago aquí, a querer llevarme. Lo veo venir con su traje y su reloj, empapándose, no con la lluvia, sino con la melancolía que desborda la inquietud de su alma. Tal vez sea bueno para disimular su locura, pero él encuentra más sombras en los retratos de las que podría llegar a encontrar yo. Cuando viene a visitarme, se queda días mirando los retratos, riéndose para no llorar. Sumergido en la locura para no agonizar. Entonces se desnuda y es como es en realidad, y llora y grita, y su melancolía es la más virtuosa y auto destructiva que se podrá ver jamás.

Y cuando ya no aguanta más, se vuelve a poner su traje y su reloj, se limpia las lágrimas y, no sé cómo, desaparece del otro lado de la calle. Regresa  a disimular que no está loco, que la añoranza no lo está matando por dentro. Y lo comprendo, ¿a qué loco no juzgarían los humanos?

Pero el canto de la melancolía lo vuelve a llamar, y lo puedes volver a ver llorar, mientras esos retratos regresa a mirar. Y se vuelve a perder en ellos, en las sombras que le vuelven a contar la historia. Y ese es el Rodrigo que yo conozco, y el que, sólo a través de las letras, tú conocerás.

02/Dic/2007 - 17/Ene/2011

Me prometí ya no volver a escribirte... Pero aquí estoy de nuevo, vaciándome sobre hoja en blanco. Pensando en lo que podría decirte, y en la manera en la que no debería hacerlo. Recordándote, sumergido en la locura de ésta eterna añoranza.

Me cuesta un enorme esfuerzo hablar de ti. Debería de empezar por intentar describirte, y que de ésta manera entiendas por qué tu ausencia causa tanto sufrimiento a mi alma. O tal vez sea yo el que deba entenderlo.

Recuerdo que eras delgada y hermosa. Y digo hermosa, porque en realidad lo eras. Podría describir lo sublime que resultaba tu mirada, o lo perfecta que me parecía tu sonrisa, pero me tomaría un gran número de líneas el poder aproximarme a una descripción exacta. Simplemente me limitaré a decir que ninguna mujer igualará la belleza de tu rostro, o la musicalidad de la voz que salía de esos labios que alguna vez fueron míos. El Creador hizo su mejor trabajo con tu apariencia, creando una ilusión que aún acude a mi en solemnes noches como ésta.

Y es esa ilusión la que me perturba, la que me enloquece y hace que te escriba. Tu imagen me persigue no sólo en sueños, sino también durante el día. Me acosa y no me permite estar en paz, tu figura encuentra reflejo a donde mire. Tu sonrisa no me permite encontrar soledad en ningún lado, no te he soltado.


No encuentro reposo de ésta agonía. Tu esencia continúa circulando por mis venas, tu presencia sigue contaminando y corrompiendo mi alma. No puedo deshacerme de ti. Los recuerdos acuden a mi como cuervos, atormentándome cada noche con la idea de que todo se fue a la mierda. Pensaba que algún día podría recuperarte, que el sufrimiento que describo sólo sería pasajero. Creo que nunca me había equivocado tanto. Cada día me doy cuenta de que nuestro amor muere, como el sol lo hace cada día en el horizonte. Cada noche sólo me dedico a buscarte, justo como la luna, con el sol, lo hace. Pero mientras más pasa el tiempo, me he dado cuenta de que mi labor comienza a ser inútil. Tal vez nunca volverás, y yo seguiré aquí como un loco, como Penélope, asomado a la ventana de la irrealidad, atento a una llegada que fue anunciada sin esperanzas.

Y esos cuervos que me causan tanto tormento son tan irreales como la expectación de tu regreso, pero tan reales como el amor que alguna vez tuvimos. Sin ti, tan sólo soy un niño tentando ciegamente en las sombras de mis recuerdos. Creo que lo peor de todo no es tu ausencia, ni el hecho de que tu imagen venga a mi a todo momento para causarme tanto tormento, sino los recuerdos que todo esto, en mi, evocan. Los recuerdos son el alimento de la agonía y el desamor, son los que provocan que mi alma se lamente sin remedio en su refugio eterno. Son los recuerdos los que me mantienen vivo, y los que me hacen morir un poco cada noche al escribirte algo.

Y ya hablando de recuerdos, tal vez sea bueno desahogar alguno.

Recuerdo que nuestra historia empezó. No recuerdo cómo ni cuándo fue que tu belleza se abrió camino hacia rincones de mi corazón que yo creía se encontraban ya marchitos. Éramos dos niños jugando a estar enamorados, y vaya que lo jugábamos bastante bien. Tomarte de la mano era sentir que mi alma finalmente se encontraba completa, éramos tan inocentes que pensábamos que nuestro amor no podía hacer nada más que mejorar, que sólo podía alcanzar la perfección. Tenías la belleza y la mirada de una niña, y yo era tan estúpido como un niño.

Pasó algo de tiempo, y, mientras más nos enamorábamos, más nos completábamos el uno al otro. Recuerdo todas las tempestades a las que sobrevivimos, todas las adversidades que el destino, y otras mujeres, nos pusieron en el camino. Tal vez nunca fui el mejor, pero siempre intenté serlo, porque tú lo eras para mi. No había mañana en la que los pájaros no contaran, como bardos, la historia de mis labios buscando a los tuyos. No podría decir que nuestro amor encontró su auge en alguna etapa o lapso de tiempo, porque yo siempre me encontré satisfecho.

Dejamos de ser unos niños para convertirnos en unos niños un poco más grandes que se amaban tanto que El Creador se encontraba furioso de haber creado un sentimiento tan sublime entre dos humanos. Ya no éramos tan niños, pero aún éramos lo bastante ingenuos como para pensar que esto podría ser eterno. Tal vez éramos los únicos dos seres en el universo sin el alma fragmentada, tal vez llegamos a ser ese andrógino que Platón describe en "El Banquete", nuestros seres se fundían en su propia existencia para crear la única historia verdadera de amor que la humanidad ha podido presenciar. Y todo era tan bello, que sólo El Creador podía joderlo.

Llegamos al otoño de nuestro amor de un día al otro, el destino te puso demasiado lejos. La lejanía fue el cáncer que impidió que cumpliéramos todos nuestros sueños juntos. Teníamos la tonta idea de que la distancia no podría separarnos tanto, pero vaya que lo hizo. La sombra de la incertidumbre vino a posarse sobre nosotros, y el camino más fácil me pareció mandar todo al carajo. Terminar por las "buenas". Coño, que soy un pendejo.

Y así, soltaste mi mano, y cuando miré a los lados, ya te habías desvanecido. Me encontré solo, pero no lo suficiente para disfrutarlo. Tu belleza seguía tatuada en mis ojos. Creo que comenzaste a odiarme, a sentir cierto rencor hacia mi, y te doy toda la razón. Pero no podía seguir enamorado de una fantasía. Porque la distancia te convirtió en eso, en una fantasía, una idea. Y las ideas no besan, no te toman de la mano, no te aman. No fui yo el culpable de que todos nuestros sueños se quedaran sin cumplir, de que ese andrógino continúe separado, de que ya no nos amemos como podríamos hacerlo.

Fue el destino, o El Creador. Y aquí es cuando dejo de ser la Penélope de Homero para convertirme en el Edmundo de Dumas. Teníamos algo que cualquier Dios envidiaría, ya que ese sentimiento nunca podrá ser alcanzado por algún otro ser en lo que resta de la existencia, y he ahí la razón de ésta injusticia. Si pudiera tomar venganza contra alguien, la tomaría. Haría todo por recuperarte, como Edmundo a Mercedes.

Prometí ya no volver a escribirte, pero tal vez lo siga haciendo toda mi vida. Eres la musa que inspira la agonía que me hace escribir. La causa de la melancolía que me hace ser quien soy. Nunca dejarás de ser lo que llegaste a ser para mi, y tal vez debería de alegrarte esto. Yo sigo esperando tu regreso.

Espero que nunca llegues a leer esto.

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Estimado lector anónimo, si has llegado al final de éste texto, te doy las gracias por hacerlo. Creo que nunca había desnudado mi alma tanto.

Salir con chicas que no leen / Salir con chicas que leen

Salir con chicas es, bueno, un fenómeno que marca la vida de muchos jóvenes en la sociedad occidental actual. Es tan importante que se produce un grandísimo número de películas, obras de teatro, programas de televisión, manuales de seducción, novelas y poemas que giran en torno al tema. Si eres un hombre, sabes perfectamente de lo que estoy hablando. Si eres una chica, y sobre todo si eres bonita, deberías de comenzar a darte cuenta de los efectos que tiene tu personalidad y tu apariencia sobre todos los hombres con los que convives a diario.


Lo cierto es que, como hombre, es muy probable que el tipo de chica con el que decidas salir tenga un fuerte impacto en tu futuro, en cuanto a felicidad, desarrollo personal, relación con la sociedad, etcétera.

Hace no mucho, Iker y yo leímos el artículo que les compartiremos a continuación. La verdad es que nos ha gustado bastante, y sabemos que a ustedes también les gustará. 

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Sal con una chica que no lee (Por Charles Warnke)

Sal con una chica que no lee. Encuéntrala en medio de la fastidiosa mugre de un bar del medio oeste. Encuéntrala en medio del humo, del sudor de borracho y de las luces multicolores de una discoteca de lujo. Donde la encuentres, descúbrela sonriendo y asegúrate de que la sonrisa permanezca incluso cuando su interlocutor le haya quitado la mirada. Cautívala con trivialidades poco sentimentales; usa las típicas frases de conquista y ríe para tus adentros. Sácala a la calle cuando los bares y las discotecas hayan dado por concluida la velada; ignora el peso de la fatiga. Bésala bajo la lluvia y deja que la tenue luz de un farol de la calle los ilumine, así como has visto que ocurre en las películas. Haz un comentario sobre el poco significado que todo eso tiene. Llévatela a tu apartamento y despáchala luego de hacerle el amor. Tíratela. 

Deja que la especie de contrato que sin darte cuenta has celebrado con ella se convierta poco a poco, incómodamente, en una relación. Descubre intereses y gustos comunes como el sushi o la música country, y construye un muro impenetrable alrededor de ellos. Haz del espacio común un espacio sagrado y regresa a él cada vez que el aire se torne pesado o las veladas parezcan demasiado largas. Háblale de cosas sin importancia y piensa poco. Deja que pasen los meses sin que te des cuenta. Proponle que se mude a vivir contigo y déjala que decore. Peléale por cosas insignificantes como que la maldita cortina de la ducha debe permanecer cerrada para que no se llene de ese maldito moho. Deja que pase un año sin que te des cuenta. Comienza a darte cuenta. 

Concluye que probablemente deberían casarse porque de lo contrario habrías perdido mucho tiempo de tu vida. Invítala a cenar a un restaurante que se salga de tu presupuesto en el piso cuarenta y cinco de un edificio y asegúrate de que tenga una vista hermosa de la ciudad. Tímidamente pídele al mesero que le traiga la copa de champaña con el modesto anillo adentro. Apenas se dé cuenta, proponle matrimonio con todo el entusiasmo y la sinceridad de los que puedas hacer acopio. No te preocupes si sientes que tu corazón está a punto de atravesarte el pecho, y si no sientes nada, tampoco le des mucha importancia. Si hay aplausos, deja que terminen. Si llora, sonríe como si nunca hubieras estado tan feliz, y si no lo hace, igual sonríe. 

Deja que pasen los años sin que te des cuenta. Construye una carrera en vez de conseguir un trabajo. Compra una casa y ten dos hermosos hijos. Trata de criarlos bien. Falla a menudo. Cae en una aburrida indiferencia y luego en una tristeza de la misma naturaleza. Sufre la típica crisis de los cincuenta. Envejece. Sorpréndete por tu falta de logros. En ocasiones siéntete satisfecho pero vacío y etéreo la mayor parte del tiempo. Durante las caminatas, ten la sensación de que nunca vas regresar, o de que el viento puede llevarte consigo. Contrae una enfermedad terminal. Muere, pero solo después de haberte dado cuenta de que la chica que no lee jamás hizo vibrar tu corazón con una pasión que tuviera significado; que nadie va a contar la historia de sus vidas, y que ella también morirá arrepentida porque nada provino nunca de su capacidad de amar.

Haz todas estas cosas, maldita sea, porque no hay nada peor que una chica que lee. Hazlo, te digo, porque una vida en el purgatorio es mejor que una en el infierno. Hazlo porque una chica que lee posee un vocabulario capaz de describir el descontento de una vida insatisfecha. Un vocabulario que analiza la belleza innata del mundo y la convierte en una alcanzable necesidad, en vez de algo maravilloso pero extraño a ti. Una chica que lee hace alarde de un vocabulario que puede identificar lo espacioso y desalmado de la retórica de quien no puede amarla, y la inarticulación causada por el desespero del que la ama en demasía. Un vocabulario, maldita sea, que hace de mi sofística vacía un truco barato. 

Hazlo porque la chica que lee entiende de sintaxis. La literatura le ha enseñado que los momentos de ternura llegan en intervalos esporádicos pero predecibles y que la vida no es plana. Sabe y exige, como corresponde, que el flujo de la vida venga con una corriente de decepción. Una chica que ha leído sobre las reglas de la sintaxis conoce las pausas irregulares –la vacilación en la respiración– que acompañan a la mentira. Sabe cuál es la diferencia entre un episodio de rabia aislado y los hábitos a los que se aferra alguien cuyo amargo cinismo countinuará, sin razón y sin propósito, después de que ella haya empacado sus maletas y pronunciado un inseguro adiós. Tiene claro que en su vida no seré más que unos puntos suspensivos y no una etapa, y por eso sigue su camino, porque la sintaxis le permite reconocer el ritmo y la cadencia de una vida bien vivida. 

Sal con una chica que no lee porque la que sí lo hace sabe de la importancia de la trama y puede rastrear los límites del prólogo y los agudos picos del clímax; los siente en la piel. Será paciente en caso de que haya pausas o intermedios, e intentará acelerar el desenlace. Pero sobre todo, la chica que lee conoce el inevitable significado de un final y se siente cómoda en ellos, pues se ha despedido ya de miles de héroes con apenas una pizca de tristeza. 

No salgas con una chica que lee porque ellas han aprendido a contar historias. Tú con la Joyce, con la Nabokov, con la Woolf; tú en una biblioteca, o parado en la estación del metro, tal vez sentado en la mesa de la esquina de un café, o mirando por la ventana de tu cuarto. Tú, el que me ha hecho la vida tan difícil. La lectora se ha convertido en una espectadora más de su vida y la ha llenado de significado. Insiste en que la narrativa de su historia es magnífica, variada, completa; en que los personajes secundarios son coloridos y el estilo atrevido. Tú, la chica que lee, me hace querer ser todo lo que no soy. Pero soy débil y te fallaré porque tú has soñado, como corresponde, con alguien mejor que yo y no aceptarás la vida que te describí al comienzo de este escrito. No te resignarás a vivir sin pasión, sin perfección, a llevar una vida que no sea digna de ser narrada. Por eso, largo de aquí, chica que lee; coge el siguiente tren que te lleve al sur y llévate a tu Hemingway contigo. Te odio, de verdad te odio.

Sal con una chica que lee (Por Rosemary Urquico)

Sal con alguien que se gasta todo su dinero en libros y no en ropa, y que tiene problemas de espacio en el clóset porque ha comprado demasiados. Invita a salir a una chica que tiene una lista de libros por leer y que desde los doce años ha tenido una tarjeta de suscripción a una biblioteca. 

Encuentra una chica que lee. Sabrás que es una ávida lectora porque en su maleta siempre llevará un libro que aún no ha comenzado a leer. Es la que siempre mira amorosamente los estantes de las librerías, la que grita en silencio cuando encuentra el libro que quería. ¿Ves a esa chica un tanto extraña oliendo las páginas de un libro viejo en una librería de segunda mano? Es la lectora. Nunca puede resistirse a oler las páginas de un libro, y más si están amarillas.

Es la chica que está sentada en el café del final de la calle, leyendo mientras espera. Si le echas una mirada a su taza, la crema deslactosada ha adquirido una textura un tanto natosa y flota encima del café porque ella está absorta en la lectura, perdida en el mundo que el autor ha creado. Siéntate a su lado. Es posible que te eche una mirada llena de indignación porque la mayoría de las lectoras odian ser interrumpidas. Pregúntale si le ha gustado el libro que tiene entre las manos.

Invítala a otra taza de café y dile qué opinas de Murakami. Averigua si fue capaz de terminar el primer capítulo de Fellowship y sé consciente de que si te dice que entendió el Ulises de Joyce lo hace solo para parecer inteligente. Pregúntale si le encanta Alicia o si quisiera ser ella. 

Es fácil salir con una chica que lee. Regálale libros en su cumpleaños, de Navidad y en cada aniversario. Dale un regalo de palabras, bien sea en poesía o en una canción. Dale a Neruda, a Pound, a Sexton, a Cummings y hazle saber que entiendes que las palabras son amor. Comprende que ella es consciente de la diferencia entre realidad y ficción pero que de todas maneras va a buscar que su vida se asemeje a su libro favorito. No será culpa tuya si lo hace. 

Por lo menos tiene que intentarlo.

Miéntele, si entiende de sintaxis también comprenderá tu necesidad de mentirle. Detrás de las palabras hay otras cosas: motivación, valor, matiz, diálogo; no será el fin del mundo. 

Fállale. La lectora sabe que el fracaso lleva al clímax y que todo tiene un final, pero también entiende que siempre existe la posibilidad de escribirle una segunda parte a la historia y que se puede volver a empezar una y otra vez y aun así seguir siendo el héroe. También es consciente de que durante la vida habrá que toparse con uno o dos villanos. 

¿Por qué tener miedo de lo que no eres? Las chicas que leen saben que las personas maduran, lo mismo que los personajes de un cuento o una novela, excepción hecha de los protagonistas de la saga Crepúsculo

Si te llegas a encontrar una chica que lee mantenla cerca, y cuando a las dos de la mañana la pilles llorando y abrazando el libro contra su pecho, prepárale una taza de té y consiéntela. Es probable que la pierdas durante un par de horas pero siempre va a regresar a ti. Hablará de los protagonistas del libro como si fueran reales y es que, por un tiempo, siempre lo son.

Le propondrás matrimonio durante un viaje en globo o en medio de un concierto de rock, o quizás formularás la pregunta por absoluta casualidad la próxima vez que se enferme; puede que hasta sea por Skype.

Sonreirás con tal fuerza que te preguntarás por qué tu corazón no ha estallado todavía haciendo que la sangre ruede por tu pecho. Escribirás la historia de ustedes, tendrán hijos con nombres extraños y gustos aún más raros. Ella les leerá a tus hijos The Cat in the Hat yAslan, e incluso puede que lo haga el mismo día. Caminarán juntos los inviernos de la vejez y ella recitará los poemas de Keats en un susurro mientras tú sacudes la nieve de tus botas.

Sal con una chica que lee porque te lo mereces. Te mereces una mujer capaz de darte la vida más colorida que puedas imaginar. Si solo tienes para darle monotonía, horas trilladas y propuestas a medio cocinar, te vendrá mejor estar solo. Pero si quieres el mundo y los mundos que hay más allá, invita a salir a una chica que lee.

O mejor aún, a una que escriba.

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Publicado originalmente en: http://elmalpensante.com/index.php?doc=display_contenido&id=1904

Retratos en el café - Fade In: Nothingman

Shadows are falling and I'm running out of breath. Keep me in your heart for a while.

Solo. Entre muros. Una sola puerta. Invierno. Fade in. No escribo las palabras correctas, porque no puedo. Fade fucking in. Humea el café. Humea el cenicero. Se encierra la mezcla de ambos olores y me envuelve, sin asfixiarme. Me abraza. Pero el café no es fuerte, no lo suficiente. Whisky. Doble. Un poco más. Fade fucking in. (Walks on his own...) Palabras sin sentido en la hoja. La máquina de escribir es un sinsentido; el escritor es un sinsentido obligado a retratarse en palabras, símbolos, signos, significados. Más Whisky, más café. Tu recuerdo. (With thoughts he can't help thinking) Keep me in your heart for a while.

How I wish you were here. We're just two lost souls swiming in a fish bowl, year after year. How I wish you were here. (Caught a bolt' a lightning'...) Te dejo escapar poco a poco, mujer (Cursed the day he let it go...). Solamente el eco de tu voz permanece. Estático. Quiero tocarlo, sentirlo, domarlo, beberlo, EMBRIAGARME (And he who forgets is destined to remember). Wish you were here. ¿Y qué escribo? ¿Qué retrato si no me encuentro?

"Somos distancia". ¿Lo somos? (Nothingman) Palabras sin sentido (Nothingman). Más Whisky en el café. De nuevo. Fade in. Tú y yo no somos distancia porque ahí estoy. Ahora mismo, mujer. Sometimes when you're doing simple things around the house, maybe you'll think of me and smile. Keep me in your heart for a while. ¿Cómo va a haber distancia si no nos podemos separar? You know I'm tied to you like the buttons on your blouse. Keep me in your heart for a while.

Recuerdos imborrables (Could have been something). Éramos la tormenta perfecta (Nothingman). Keep me in your heart for a while.

"Tal vez nunca leas esto. Probablemente no tenga el valor de verte de nuevo. (Some words when spoken...) No sé decir perdón, no sé disculparme ni conmigo mismo. No he querido lastimarte. Eres la perfección que todos buscan a lo largo de su vida. Si de algo vale, perdóname. (...Can't be taken back). Nunca voy a poder dejar atrás todos los recuerdos, y nunca podré dejar de agradecerte cada una de las cosas que hemos pasado juntos. No podré encontrar en ningún rincón del planeta un sentimiento como el que me causa mirarte, tocarte. (Isn't it something? Nothingman). Nada puede ser igual después de esto.

Quiero que si alguna vez me recuerdas puedas sonreír. Yo no puedo evitarlo. Sale de mí esa sonrisa natural que acompaña una lágrima. Los caminos diferentes son malditos. Pensar que no te volveré a ver me está matando, y quizás cuando despierte me quiebre y me arrepienta de haber dejado a la deriva esta carta, esperando que algún día la leas. Porque las cosas que deben pasar suceden de una manera u otra. (Isn't it something? Nothingman).

Angie, no hay heridas que no nos marquen. No hay heridas que no se pueden curar".

Más Whisky. No veo ya claro. Enciérrame, soledad. Fade in. Fade out. (Nothingman).

(Oh she won't feed him... after he's flown away).

Delirio

Todo era oscuro. Muy oscuro.


Ya estaba acostumbrado. Finalmente, eran mis paseos nocturnos los que permitían que no me volviera loco. Pensándolo bien, eran lo que evitaba que le hiciera caso a mis impulsos y terminara durmiendo dentro de una doncella de hierro. Esa noche se cumplía un mes desde que me dedicaba a deambular por la ciudad al ocultarse el sol.

Caminaba bajo la banqueta, pero lo suficientemente cerca como para subirme a ella en caso de que un coche viniera de frente. Mis paseos nocturnos usualmente consistían en caminar la calle Boundary a todo lo largo, para luego doblar a la derecha en Miskatonic Avenue, caminar unas cuantas cuadras y finalmente llegar a mi destino: el cementerio Christchurch. El cementerio de Arkham.

Esa noche, sin embargo, decidí iniciar mi recorrido por la calle Church, pasando la Universidad de Miskatonic por detrás. Ya había escuchado los rumores de la posesión nocturna sufrida por Walter Gilman en ésta misma calle. Sin embargo, yo nunca había creído en los oscuros relatos que rodean la vida diaria de los habitantes de Arkham. 

Así que, salí de casa y emprendí el recorrido. El cielo nocturno que observé al voltear la cabeza hacía arriba era justo lo que esperaba: el clásico cielo nublado de Massachusets. Me sorprendió ver que a veces la luz de la luna lograba colarse entre las nubes. Luna llena.

Fue justo antes de llegar a la Iglesia de Cristo cuando caí en cuenta de que no llevaba ninguna flor. Y yo siempre llevaba una flor. No podía ir a visitarla sin una, debía hacer algo rápido.

Recordé que siempre llevaba un cuchillo en el bolsillo. Rápidamente busqué en los alrededores por una flor, o al menos algo que se pareciera a una. Logré ver algo un poco más atrás de la calle Church, justo en la esquina de la Universidad de Miskanotic. Corrí y vi que era una rosa muy hermosa. Corté el tallo con mi cuchillo y la llevé conmigo.


Seguí mi recorrido. Las estrellas me decían que la noche ya no era tan joven, y aún quedaba un largo camino que recorrer. Odiaba Arkham. Odiaba todo lo que me recordara a ella, y Arkham lo hacía. La melancolía se hacía presente en mi vida diaria, acompañada por un par de cuadros de depresión y una vida que yo describiría como una constante agonía. Hace un mes que ella murió, y que sigo esperando a mi muerte. Hace un mes que una bestia de plumas negras, arrojada por la tempestad, vació su alma en las palabras "nunca más", haciéndome entender que ni la más demoniaca magia la traería de vuelta. Haciéndome entender y, sobre todo, haciéndome llorar.


Absorto en mis melancólicos pensamientos fue que llegué a Peabody Avenue, donde doblé a la derecha. Esta calle se encontraba un poco más iluminada, y esto me molestaba. Había una taberna donde los ciudadanos venían a ingerir diversos tipos de veneno hasta embriagarse. Pasé la taberna de largo, enfurecido por la asquerosa música de moda que llegaba a mis oídos. Más adelante me topé con un grupo de borrachos. Me asqueaban. Siempre he sentido una gran repulsión hacía los miembros de la sociedad que no hacen más que estorbar con su misma existencia. Seres insignificantes que bien podrían merecer la muerte a manos de la tuberculosis. Evité el contacto con estos hombres, no sin antes hacerles sentir el repudio a través de mi mirada, y finalmente llegué al cementerio Christchurch.


Me encontré parado frente a su muralla de piedra de 8 pies de alto. Habría saltado la muralla para ahorrar tiempo, pero algún obtuso colocó púas sobre ella para impedir que alguien realizara éste acto. Tuve que caminar hasta el final de Peabody Avenue para encontrarme con la entrada. Observé el letrero que tenía escrito: "Cementerio Christchurch: Ingreso únicamente por la entrada principal. Abierto todos los días de 7 AM a 6 PM".

Estaba cerrado. O al menos debería estarlo. Hace tiempo me di cuenta de que el cuidador del cementerio era un inepto, y nunca cerraba la puerta correctamente cuando partía. El cementerio se mantenía abierto a cualquier hora de la noche. aguardando a ser visitado por un ser decaído como yo.

Sin más demora, empuje la reja hacia delante e ingresé al cementerio. La primera vez que vine, siendo un niño, salí totalmente traumatizado. En 1905 hubo una epidemia de tifoidea, causando una sobrepoblación en el cementerio. De noche no se notaba, pero durante el día podía encontrar restos de cuerpos sin embalsamar a donde sea que volteara. A veces tropezaba con algún cráneo a medio devorar por los gusanos, pero finalmente a todo se acostumbra el humano.

Todo era oscuro, y me encantaba. Caminé entre las tinieblas y los gusanos hasta llegar a un pequeño monte, sobre el cual aguardaba mi destino. Subí y llegué a la lápida de la difunta Annabel... Mi amada Annabel Lee.

La inscripción de la lápida decía: "Amó con un amor que era más que amor", y no podía ser más cierto. Annabel no vivía con otro pensamiento más que amar y ser amada por mi. Por eso, desde que murió el primero de marzo, no he parado de venir cada noche y recostarme junto al sepulcro de mi amada.

¿Desde que murió?


Era la medianoche del primero de marzo, y yo llegaba a casa después de haber descubierto rastros de una tribu vudú cerca de las Everglades de Miami. Era una tribu muy extraña, cuyas costumbres serán relatadas en otra historia, en otro tiempo. Recuerdo haber visto varias fotografías de sus ritos. Sin embargo, lo que me había llamado la atención era la figura de apariencia pulposa que observaban. En el instante en que saludé a Annabel, comencé a oír extraños sonidos en mi mente. No estoy muy seguro de que hayan sido sonidos... Más bien era una percepción extraña que sólo mi imaginación podía interpretar como sonidos. No importa. Esos "sonidos" hicieron que tomara mi paraguas y lo usara para matar a Annabel. Matarla de una manera hermosa, sublime.

Hice que pareciera que ella había cometido suicidio. Sin embargo, nadie me creyó. Mucha gente intentó asesinarme, incluso hubo quienes propusieron que se me practicara un exorcismo. Para mi fortuna, fueron los policías quienes me atraparon primero. Intentaron condenarme, pero el juez me sentenció a pasar varios años en un manicomio al llegar a la conclusión de que estoy terriblemente loco. Y tal vez lo esté.

Desde aquel entonces, escribo estos versos en el papel de baño que me permiten usar en el manicomio. Espero el día en que Cthulhu al fin despierte, y que, dentro de su ominosidad, la no-vida cobre su verdadero significado. Lo espero desde mi celda, en donde Arkham sólo existe porque yo quiero que exista. En donde podría matarte si yo quisiera.

Justo como lo hice con ella. Era demasiado hermosa... Incomprensiblemente hermosa.

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Sí te gustó el texto, recomiendo ampliamente que leas los poemas "The Raven" y "Annabel Lee" de Edgar Allan Poe, así como el cuento corto "The Call Of Cthulhu" de H.P. Lovecraft, ya que el texto fue fuertemente influenciado por esas obras.